Lobo – Hombre

Es la cuarta noche de luna llena, la luz que refleja ilumina cada rincón del bosque cercano a la ciudad; la noche se siente fría pero agradable, el viento baja por las montañas detrás del bosque y mueve las hojas fuertemente, algunas ya secas, caen y se acomodan en los huecos que hacen las raíces de los árboles. Varios animales pequeños se ven huir rápidamente, algunos roedores y aves sienten el jadeo de una bestia que se acerca entre los troncos, cada paso que da se siente torpe, como si aquella bestia no pudiera manejar su propio cuerpo.

Unos pasos más y este monstruo queda descubierto ante la luz de la luna, los roedores y las aves suspiran de tranquilidad, mientras se revela simplemente un hombre desnudo, alto y corpulento que comienza a trepar en un árbol grande a muchos metros de una carretera principal de la ciudad. El hombre escala con gran habilidad, alcanzando las ramas que lo impulsan a subir como una coreografía bien ensayada, cinco minutos después, abraza con su brazo derecho un tronco delgado, y con la mano izquierda desata una bolsa de tela, la lleva con él hasta el suelo, la abre y saca de ella una bolsa plástica con ropa, un pantalón de jean negro, un saco gris con una línea verde que le atraviesa el pecho y unos zapatos deportivos blancos. Rápidamente con algo de desespero, el hombre cubre su peludo cuerpo con la ropa que recogió, camina y se acerca a la carretera, sus ojos se iluminan, dejando ir un suave suspiro sale del bosque y acelera el paso hacia la ciudad. La autopista no está muy congestionada, pocos autos se ven pasar a esa hora, después de un rato de caminata el hombre extiende su brazo al primer taxi que pasa, un metro más adelante se detiene, el hombre toma el puesto del copiloto. 

 —Buenas noches, —dice el conductor, pero el hombre no le responde nada, solo le regresa una sonrisa y cierra la puerta.

 —¿A dónde? —pregunta el señor.

El hombre alza la mirada entre sus largas pestañas y abultadas cejas, y con un solo movimiento casi invisible para el taxista lo agarra fuertemente del cuello; el conductor trata de pelear, pero no hay mucho que pueda hacer desde su posición, sus brazos apenas y rozan el rostro de su atacante. Un minuto después o lo que ambos sintieron como si fuesen diez, el taxista queda inconsciente; el hombre rápidamente lo mueve buscando en sus bolsillos y en su billetera, pero no encuentra mucho dinero; mete las manos en cada rincón alrededor del piloto, hasta que encuentra un pequeño bulto de billetes justo bajo la silla, no era suficiente pero le servía, antes de irse el hombre gira a ver al conductor inconsciente, extiende la palma de su mano sobre su rostro, cuando siente su respiración huye velozmente. 

Con cada paso, la calle comienza a llenarse de personas, habitantes de la noche que salen en busca de diversión o algo más, las luces, la música, los colores eran nuevamente fascinantes para el hombre del bosque; tiene dinero en el bolsillo y un estómago vacío, pero la comida de la ciudad no le caía bien, la había probado antes y no fue una experiencia agradable, él sabe bien qué es lo que quiere esa noche. Llega a un bulevar con mucha gente, música y conversaciones que vienen de todas las direcciones, el hombre se sienta alejado de los demás mientras observa cómo hablan, cómo sonríen, como beben y celebran. 

Así su intención fuera lo contrario, el hombre no pasa desapercibido para aquellos que se atreven a mirarlo lo suficiente como para detallarlo bien, su espalda ancha asusta y su rostro peludo intimida. Se hace más tarde en el bulevar y quedan pocas personas; un joven se sienta al lado del hombre y lo mira fijamente:

—Llevas aquí un buen rato, te he estado mirando desde allá. —el joven se ve con las mejillas rojas, claramente ha bebido mucho; el hombre no responde nada, solo le devuelve una sonrisa amable.

—¿Eres de acá? —pregunta el joven en otro intento por charlar, pero el hombre solo sacude su cabeza en negativa—, lo supuse, te ves diferente, como de otra parte. Estoy con mis amigos, pero ya están borrachos, míralos, —el hombre ve hacia su izquierda, tres personas sentadas en una banca sumergidas en una conversación muy agitada— ¿viniste solo? —el hombre asiente—, ah veo, saliste a conocer la ciudad supongo… —en ese momento, el joven ve como la mano grande del hombre del bosque se acerca a su cara y lo acaricia dulcemente dándole una sonrisa, el joven se sonroja—, ¿cómo te llamas? —el hombre posa sus ojos miel fijamente sobre los del joven.

—Lobo —responde.

—Me gusta tu nombre —responde el joven tímidamente, por un momento ambos se quedan viendo al otro—, -estoy con mis amigos, no los puedo dejar, —dice finalmente el joven con la respiración agitada y tragando mucha saliva, el hombre le señala con la cabeza la entrada a un parqueadero de un edificio pequeño que se ve cerca, el joven lo mira fijamente esperando a que sea una broma—, no, no podría, que pena que alguien nos vea… eres tan guapo, —el hombre se levanta de un solo tirón y camina hacia la rampa del parqueadero, el joven le da una mirada a sus amigos quienes no notarán su ausencia y lo sigue a ese rincón oscuro creyéndose con suerte; baja lentamente la pequeña rampa hasta encontrarse en la puerta metálica, el corazón del joven late fuertemente, está muy nervioso, su respiración es agitada, con una suave sonrisa se acerca al rostro de Lobo y siente como lo sujeta por el cuello con fuerza, su dedo pulgar le hace gran presión en la tráquea, menos de un minuto después el joven cae desplomado al suelo, Lobo se apresura a buscar en su billetera algo de dinero, por suerte encuentra la cantidad que le hacía falta para completar, antes de irse, se lleva también el abrigo negro que usaba el joven. 

Sin que nadie lo vea, Lobo se escabulle entre las calles nocturnas, atrás deja el bulevar y el joven que le fue amable, mientras se acerca más al centro de la ciudad, ahora con dinero suficiente en su bolsillo y la disposición de cada cuarta noche de luna llena, esta vez se daría la oportunidad de entrar un club nuevo, recién abierto. Lobo se acerca a la puerta de ese local sin nombre en el exterior, es un pequeño edificio de unos cinco pisos y muchas ventanas, un hombre alto se para enfrente, lo mira de arriba a abajo, si bien Lobo no estaba particularmente bien vestido, o con el mejor olor, su nuevo abrigo había mejorado su estilo y puede entrar sin problema. Las luces son fuertes, brillan y giran de un lado a otro, en el centro hay una larga pasarela, y alrededor solo hay mesas, Lobo se aleja del escenario hacia la mesa más oscura, una mujer en ropa interior se le acerca y le ofrece algo de beber.

—Una cerveza —le dice Lobo, dos minutos después la mujer regresa con una botella y un portavaso. 

El show comienza, las luces bajan y varias mujeres salen del fondo de la tarima, otras salen desde atrás y comienzan a caminar entre las mesas, las de la tarima bailan entre ellas, se mueven provocando a los clientes, enseñan los senos, otras sacan a bailar a otros hombres de la clientela; una morena de pelo negro y largo hasta la cintura lo nota allá atrás y se acerca, lo invita a un trago que él paga obviamente, ella se sienta y comienza a jugar con los vellos de su brazo, él bebe rápidamente, sin esperar más Lobo le hace un gesto que ella identifica.

—El pago es por adelantado.

Él saca el dinero del bolsillo y lo entrega en dos “paquetes”, ella lo cuenta y lo entrega a un hombre de la barra; regresa con Lobo, lo coge de la mano y lo lleva hacia una puerta al costado derecho del lugar, suben unas escaleras de metal, en el tercer piso la mujer empuja una puerta y entran a un pasillo oscuro, iluminado solo por unas cuantas lámparas en la pared.

Llegan a la última puerta, solo hay una cama en la mitad de un pequeño cuarto, una mesa de noche, una ventana alta y un pequeño baño, la música del primer piso se oye retumbar por todo el edificio.

—Ponte cómodo, —le dice la mujer mientras enciende la luz y se sienta en la cama; delicadamente se quita las botas negras de cuerina, una falda corta verde militar y su brasier negro, desnuda se extiende en la cama observando a Lobo, su cuerpo atlético cubierto de vello; él es un hombre raro, particular, pensó la mujer al verlo sin ropa, se sube a la cama y acerca a su rostro barbado, pero ella pone una mano entre ambos rostros.

—Besos no. —Le dice.

Él la observa fijamente, sus ojos miel se ven más amarillos ahora, debe ser la luz, pensó la mujer; Lobo pone la cara en sus senos y comienza a lamerlos de una forma muy inusual, sin embargo la mujer no dice nada, después de unos minutos, la voltea boca abajo y sigue lamiéndola esta vez en el cuello y la espalda, ella se alcanza a excitar mientras él recorre su cuerpo con sus manos grandes, desde atrás le pasa la mano por el cuello, luego por el pecho hasta las caderas, la lleva hacia atrás y la penetra, ella gime por lo sorpresivo, pero pocas cosas la podrían realmente impresionar o excitar. La respiración de Lobo se acelera, pone su peso sobre la espalda de la mujer y retorna a saborear su cuello, lo lame y le da pequeñas mordidas, —¡Auch!, —exclama la mujer por una mordida un poco fuerte—, no más —le dice, refiriéndose al jugueteo en la base de su cabeza, pero Lobo no escucha, ella se comienza a mover tratando de quitarse, pero él es más fuerte y la mantiene sometida—, ok, ya no es gracioso, quíta… —la mujer no pudo terminar de decirlo, los dientes de Lobo se habían clavado en su garganta tan fuerte que un chorro de sangre salió disparado hacia la pared. Con fuerza Lobo separa su rostro del cuello llevándose un pedazo de carne y garganta, tres veces mastica y traga, con la luna entrando por la ventana, iluminando sus ojos amarillos, su barba escurriendo sangre en su cuerpo y en las sábanas, vuelve con un impulso propio de un depredador, al cuello de la mujer, le devora con un hambre monstruosa el rostro, también los senos (sus favoritos), las piernas, el vientre y las nalgas. 

Más de una hora después de haber entrado al cuarto, Lobo sale vestido igual a como llegó, baja los tres pisos y pasa entre las mesas, entre la fiesta y el baile, finalmente regresa a la noche, toma un suspiro y sin dudarlo, desaparece de nuevo entre las calles, lo más rápido que puede antes de que alguien se dé cuenta de lo que hizo.

Las luces de la carretera iluminan su camino de regreso al mismo punto de donde salió del bosque, ahora la noche no mostraba alegría o fiesta, solo se veían los residuos, personas resumidas a su miseria, pensó Lobo, gente que se esconde de la misma noche y ahora estaba recogiendo sus pasos para regresar a sus guaridas como roedores nocturnos y vivaces. El bosque y la montaña se hacen claros ante los ojos de este hombre misterioso, camina hasta el mismo árbol donde tenía sus cosas escondidas, se desviste y guarda rápidamente la ropa, incluso su nueva prenda con especial cuidado, con esa agilidad sobrehumana, trepa el árbol hasta lo más alto, allí amarra solo como él sabe sus pertenencias, desciende y antes de entrar al bosque mira a la luna fijamente, sus ojos ahora son un círculo amarillo con un punto negro en el centro, todo su cuerpo comienza a crepitar con un dolor que lo invade, Lobo sufre por mantenerse en pie, pero sus pies comienzan a contraerse, sus músculos y huesos se recogen en su mismo cuerpo, sus manos experimentan algo parecido, mucho vello comienza a brotar en su espalda mientras ambos hombros se dislocan, ¡CRACK! se escucha retumbar entre los árboles, las rodillas de Lobo se echaron hacia atrás, el resto de su cuerpo se inclina hacia adelante, su cadera se aleja de su torso lenta y dolorosamente; la mandíbula se desencaja, su nariz y boca crecen formando un gran hocico jadeante y baboso, los gritos ahora gruñidos lo llevan más al suelo en una agonía mortal, después de un rato, el hombre alto y corpulento se había convertido en un cuadrúpedo, en un canino de un metro y medio de alto y cien kilos, un lobo más grande que los comunes.

El lobo-hombre se levanta suavemente, suspira, sacude su pelaje gris oscuro y sus orejas largas, da una suave mirada hacia la carretera y comienza su camino de regreso al bosque y a las montañas, su noche ha terminado, su sed y su hambre habían sido calmadas, regresa a la impunidad de su hábitat y a la dicha de la vida simple, la luna lo despide dejando las primeras luces del alba, la ciudad seguirá allí, esperando por el lobo-hombre cada cuarta noche de luna llena.


Sebastián Hernández
sebas.hernandez33@gmail.com
Colombia

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