Luz de Luna / Dramaturgia

Personajes

La Abatida (Mujer joven) 

La Maga (Madre) 

La Tejedora (Abuela) 

El Sapo (Hombre joven, hijo) 

Dramaturgia: Alejandra Molina López. 

Juan Camilo Gómez Palacio. 

alejandra02molina@gmail.com

Manizales, 7 de mayo del 2019. 

DE LO OJOS AJENOS A LA ESCOMBRERA… 

Esta obra va dedicada a todas las personas que han sido víctimas de crímenes de estado. 

La comuna 13, ubicada en la capital de Antioquia, Colombia, hoy sigue siendo un pilar de la 

construcción cultural de este país y a ellos, va consagrada cada una de las palabras que 

escribimos, ya que queremos visibilizar a través de ojos ajenos lo sucedido en la operación Orión. 

Después de tantos años, las familias siguen buscando los cuerpos y exigiendo la verdad sobre lo 

sucedido en esta escaramuza fallida por los grandes dirigentes del estado, tantas quimeras ocultas 

no es más que una falsa apropiación de la vida ajena. 

Para las familias y ausentes todo el respeto y admiración por tan ardua lucha emprendida, a la 

cual nos unimos con nuestras letras, dignificando y siendo cómplices de cada lágrima, cada sonrisa 

y cada suspiro que han puesto en sus historias contadas. 

Hoy queremos conservar el recuerdo, porque el recuerdo es lo que nunca muere

ESCENA I 

LA NEVERA 

Una noche tormentosa. La luz de la luna ilumina el rostro de La Maga que está sentada sobre una 

nevera ubicada en el centro del escenario, tras la nevera hay un árbol de aguacates seco con un 

único aguacate en sus ramas. Solo se siente olor a tierra, la mujer lleva un fular. Suena la canción 

Usted de Fernando Albuerne… Ella tararea mientras arrulla el fular. El rostro de la mujer expresa 

una mirada de espera y melancolía. 

Una sombra se posa tras ella y pone en sus manos un cuchillo, ella saca una papa del fular y 

empieza a pelar mientras sigue tarareando la canción. La nevera se abre lentamente, sale una 

mano empuñando una papa, después saca su rostro (La Abatida). La mujer que continúa 

tarareando la canción, con sus pies le da un fuerte golpe a la nevera imposibilitando la salida de la 

persona, suelta la papa, vuelve al interior. 

Entran La Tejedora y El sapo con bultos los cuales tiene ollas de todos los tamaños amarrados, los 

ponen en escena en lugares específicos. 

La Maga: Vertedero, basurero, muladar, estercolero, basural. 

El Sapo: ¿Mamá? 

La Maga: Le tengo agua de panela… (La nevera se mueve, todas(os) la miran). 

La Tejedora: ¿Trajo el pan? 

El Sapo: Está en la nevera. 

La Maga: ¿Compró los huevos? 

La Tejedora: Están en la nevera. 

(Silencio. Cada uno sigue con su acción la cual van acelerando. Todos alzan la cabeza, miran al 

público y cantan usted de Fernando Albuerne. Mientras cantan, la nevera se abre y sale una mano 

[La Abatida], cada uno desde su lugar intentan tocarla. La Maga acuchilla la nevera entre la mitad 

de sus piernas, la mano se esconde. El golpe asusta a todos, siguen con la acción.

La Maga: La fortaleza está en la nevera, la dignidad está en la nevera, la esperanza está en la 

nevera, el amor está en la nevera, los re… 

El Sapo: (Interrumpe) ¿Los recuerdos? 

La Tejedora y La Maga: Están en la nevera… 

La Maga: La gente tiene la costumbre de congelarlo todo, como si con eso lograran borrar lo que 

quieren… Mi cuerpo es como esta nevera… 

La Tejedora: Usted es el culpable de todos mis desvelos, de todas mis desgracias, de todos mis 

rencores… 

La Maga: Ahora todo está más vivo que nunca, cada día todo es más vivo que nunca. Hoy el 

recuerdo está más vivo que ayer y mañana estará más vivo que hoy, porque así funciona mi nevera, 

lo mantengo y conservo todo vivo, muy vivo. 

El Sapo: Su amor es como un grito que llevo aquí en mi sangre y aquí en mi corazón. No juegue 

con mis sentimientos que es todo lo que tengo… 

(El Sapo y La Tejedora paran su acción, se miran y el joven extiende su mano y la saca a bailar 

Usted de Fernando Albuerne). 

La Maga: (Continúa pelando papas) Su comida favorita eran los fríjoles, me decía que yo era 

maga por hacer algo con tan exquisito sabor, le encantaban así, con mucha papa picada y plátano 

frito… Cuando niño se entraba a escondidas a la cocina y hurtaba toda la comida que le gustaba, las 

galletas ducales eran sus favoritas… 

(La Maga empieza a jugar con la papa, como si ella fuera su pareja de baile

La Tejedora: Nos mienten, siempre nos han mentido… 

El Sapo: A veces es mejor hacer caso omiso y continuar… (Le da una vuelta

La Maga: (Mientras chuza la papa) Mentira, congelar, conservar, basurero, muladar, verdad… 

La Tejedora: He visto a la mentira con mis propios ojos, caminando por ahí con corbata y una 

sonrisa en su rostro, también la he visto en la televisión, la he hasta escuchado hablar, pero la 

mentira no me escucha a mí, no me ve, no existo. He visto la mentira en miles de presentaciones, 

pero nunca, nunca he visto la verdad. 

(La Tejedora y El Sapo cargan a La Maga, la bajan de la nevera y empiezan a bailar los 3

La Maga: Riamos, riamos porque si no reímos, la pena nos va a matar y debemos estar aquí, 

luchando, de pie, resistentes y bien informados de todo… Debemos reír, reír hasta el cansancio. 

El Sapo: Ayer pelé una papa que tenía forma de nevera. 

La Tejedora: Hace una semana pelé una papa con forma de foca. 

La Maga: Hace un año pelé una papa que estaba muy podrida. 

La Tejedora: Hace 3 años y 6 meses me corté pelando una papa muy grande. 

Todos ríen. 

El Sapo: Esta ampolla cada día crece más. 

La Maga: ¡Estamos convirtiendo esto un completo peladero! 

El Sapo: La papa de la abuela estaba muy deforme. 

La Tejedora: La verdad, me encanta lo que hago. 

La Maga: No me vayan a dejar sola, por favor. (Continúan bailando

La Tejedora: Papito, vaya y meta los huevos a la nevera. 

La Maga: Mamita, cuidado se vuelve a cortar, usted sabe que es peligroso. 

El Sapo: Mamá, no olvide limpiar la nevera. 

La Maga: Nunca. 

La Tejedora: Ya los panes están seguros, los recuerdos también. 

(Todos ríen. Paran de bailar. La luz de la luna ilumina el rostro de La Maga y La Tejedora. Se 

ilumina la nevera, sale una sombra y les extiende la mano y ellas van saliendo del escenario en 

busca de la mano. El joven queda en el escenario). 

ESCENA II 

AMOR DE SAPO 

(Canción: Errante de un Amor de Trio la Rosa) La nevera se empieza a mover, luz de luna. El Sapo 

se acerca lentamente e intenta abrirla, forcejea. Mientras esto pasa empiezan a salir papas de 

dentro de la nevera, cuando la abre, vemos a La Abatida sentada, asustada. Se sienta junto a ella, 

la abraza y la besa, ella se acongoja y llora. Nuevamente la nevera se cierra. La nevera se mueve 

de manera brusca, se abre la puerta la mujer y el hombre intentan salir, pero el forcejeo no lo 

permite, se desesperan y se abrazan entre los dos metidos en ese espacio tan diminuto. Salen. 

La Abatida: ¿Dónde? 

El Sapo: Aquí. 

La Abatida: (Saca un bulto que está tras la nevera). 

El Sapo: Recuerdo la primera vez que la vi. En la esquina de la casa de sus papás comprando las 

cositas del almuerzo. 

La Abatida: Mi mamá compraba lo del día porque decía que se ahorraba más dinero. El barro rojo 

bajaba por todas las calles en los días de invierno en la ciudad. 

El Sapo: Los días de invierno bajaban las líneas de agua roja como caminos de guerras pasadas. 

La Abatida: La primera vez que lo vi, venía corriendo calle abajo tras una pelota. Se la detuve y 

me miró a los ojos mientras escurría el agua de su cara. 

El Sapo: Mientras levantaba la cabeza le veía esas piernitas tan lindas. 

La Abatida: (Ríe) Lo recuerdo, quitó la mirada rápido porque lo pillé viéndome, coqueto. 

El Sapo: ¿Quién no se enloquece con una mujer tan bella como usted? 

La Abatida: Mi abuela comentaba que no me le acercara mucho porque decían que era un sapo. 

El Sapo: Una vez su vieja se me acercó cuando estaba jugando futbol con los muchachos. Me dijo: 

“Alejáte de la niña malparido”. 

La Abatida: Esa noche llegó a la casa y me pegó con la chancla. Fue la última vez. 

El Sapo: Ella no era mujer muy agradable. 

La Abatida: Después de que mi papá no volviera ella se volvió un poco paranoica. Decía que lo 

veía corriendo cuesta arriba, hacia ese basurero de escombros. 

El Sapo: Muchas personas afirman que ven sombras corriendo hacia allá… (Cambio de semblante

Estuve trabajando por dos semanas para poderla invitar a cine. Cuando le dije, no lo podía creer. 

La Abatida: (Lo abraza) Quería ver la última película animada. 

El Sapo: (Se sientan en el tumulto de tierra y hacen como si fueran en carro. Los textos son 

apresurados y energéticos) Tintico con pan, hamburguesa con gaseosa promoción 2×1, película, 

manoseada cautelosa en el cine, piquitos en el bus y la dejo en la puerta de la casa a las 9:00 en 

punto mi doña, se lo prometo. 

La Abatida: ¿La película? Mala. ¿Hamburguesa? muy rica, pero mucho queso me sienta mal. Besa 

más rico cuando estamos en lo oscurito. No le alcanzó para el taxi y tocó bus desde el centro. 

El Sapo: ¿Qué más le pedís a la vida? 

La Abatida: ¿Rojo o azul? 

El Sapo: Violeta. 

La Abatida: ¿Cuántos hijos? 

El Sapo: Los que usted quiera mi amor. (Le pone la mano en la pierna

La Abatida: (Golpeteándole la mano) ¡Ay ocioso! A ver… déjame pensar ¿En qué querés trabajar 

más adelante? 

El Sapo: Policía. 

La Abatida: Tenaz. 

El Sapo: ¿Por qué? Eso es lo que da plata. 

La Abatida: ¿Estudiar o trabajar? 

El Sapo: Trabajar. 

La Abatida: De 1 a 10 ¿Cuánto te gusto? 

El Sapo: 10.000. 

La Abatida: ¿Querés llegar a viejito? 

El Sapo: Pero claro, y si es con usted mejor. 

La Abatida: Yo no alcanzo hasta allá. (Pausa

El Sapo: Ábrela y tírala ahí (La mujer abre el bulto y deja caer el barro rojo) Dicen que están 

enterrados bajo este tumulto de tierra. 

La Abatida: Los últimos jueves de cada mes subo la cuesta de la comuna para encontrar la 

montaña más y más grande. 

El Sapo: Aquí solíamos jugar al escondite por la gran cantidad de lugares en los que nos podíamos 

meter, pero ahora se convirtió en un cementerio sin nombre. 

La Abatida: El agua empantanada y roja baja de aquí. Nunca nos hemos preguntado si esa mezcla 

pertenece a la tierra o a la sangre que se derrama. 

El Sapo: En las noches llegaban hombres preguntando por informantes, se metían a las casas, los 

agarraban y no se volvían a ver. 

La Abatida: Los subían hasta la montaña de escombros y les disparaban para enterrarlos aquí 

mismito. Así no se sucumbía el miedo en la comuna, solo se iban y no volvían… a algunos los 

descuartizaban y lo tiraban a esos huecos. 

El Sapo: (Irónico) Eran informantes. 

La Abatida: Como usted… sapo. 

Él agarra su brazo con mucha fuerza y ella se asusta, luz de luna, entran las mujeres. Y tocan las 

ollas como tambores. La Abatida Se desespera. 

Mujeres: ¡Vertedero, basurero, muladar, estercolero, basural! 

La Abatida intenta entrar a la nevera, El Sapo no la deja pretendiendo abrazarla. Las mujeres 

tocan más fuerte. 

Mujeres: ¡Vertedero, basurero, muladar, estercolero, basural! 

La Abatida logra zafarse y entra a la nevera, luz. 

La Tejedora: ¿Trajo el pan? 

El Sapo: Está en la nevera. 

La Maga: ¿Compró los huevos? 

La Tejedora: Están en la nevera. (Todos paran su acción

ESCENA III 

TORMENTA DE ARENA 

La Maga abre la nevera y el espacio queda iluminado por la luz de esta, sujeta a la Abatida y la 

saca a la fuerza, se mete ella dejando la puerta abierta. Luz de luna. El árbol de aguacates se 

mueve por la fuerza del viento. Suena “Noches de Bocagrande del Trio Martino”. Aparece la 

proyección de una sombra que se posa tras ellos y maneja a los personajes, como si fueran 

marionetas, simultáneamente la Maga los observa y juguetea realizando los mismos movimientos 

de la sombra. Dichas acciones son desde todos los niveles corporales y en diferentes velocidades… 

Todos, a partir de su acción buscan algo en medio de las cáscaras que están en el suelo del 

escenario… Cada personaje toma una de las ollas que está en el escenario y depositan en ellas 

cáscaras y tierra del bulto. Se desplazan hacia el proscenio, mientras la proyección y la canción 

desaparecen. 

La Maga y el Sapo, golpean la nevera tirando papás. La Tejedora sube lentamente sobre la nevera 

se sienta y saca gran cantidad de fotos cosidas una sobre otra, haciendo un collage, sigue cosiendo 

fotos. El viento se convierte en ventarrón y lanzan con más fuerza las papas. La Maga grita de 

manera descomunal, cuando llegan al clímax, el grito de la Tejedora detiene las acciones de los 

demás. 

La Abatida sube sobre la nevera y se sienta en las piernas de la Tejedora. En el suelo se sienten 

vibraciones y sonidos de excavadoras. Cae lluvia de tierra seca por todos lados. La Tejedora cubre 

a La Abatida con las fotos, El Sapo entra a la nevera. El sonido se hace cada vez más fuerte y los 

ensordece. 

Sombras pasan tras ellos, primero unas pocas y aumenta el número. Cae más tierra, silencio. 

Lentamente deja de caer tierra. La Tejedora cuelga foto por foto en el árbol de aguacates. La 

Maga va a salir de la nevera poniendo un pie en el piso, y como un estruendo, caen papas del cielo 

volviendo una locura el recinto. La Maga vuelve a entrar y se tapa sus oídos, El Sapo hace lo 

mismo. La Abatida grita hasta que La Tejedora le tapa los oídos y canta (La Tejedora sigue 

colgando fotos), poco a poco todos se unen al canto, dejan de caer papas. 

ESCENA IV 

RECUERDO DE UN BOLERO DE ANTAÑO 

(Se encuentra en un extremo del escenario La Abatida y La Tejedora. En el otro extremo La Maga 

y El Sapo. Escena de conversaciones en simultáneo

La Abatida: Abuela… 

Le Tejedora: Mija. 

La Maga: No puede faltar la arepita al desayuno. 

La Abatida: ¿Por qué es tan difícil olvidar una persona? 

Tejedora: Por que hacen parte de nosotros. 

El Sapo: Bien asada. 

La Abatida: Lo sé, a lo que me refiero es por qué es tan importante que lo recuerdos del pasado 

nos ataquen constantemente… ¿Por qué es tan difícil olvidar a una persona? 

La Tejedora: Porque nunca se van, siguen aquí. 

La Maga: O frita. 

(Sapo y Maga salen de la nevera y van hacia el árbol de aguacates. Ayudan a la tejedora a 

envolver el árbol.) 

La Tejedora: Recuerdo cuando toda la familia la estaba esperando. El viejo recién había 

desaparecido de la comuna. Aún me soñaba con él en las noches y en las siestas de la tarde. Sentía 

su osamenta fría al lado mío después de despertarme. En los sueños él se acostaba junto a mí, y yo 

no podía mover más que los ojos… siempre miraba su cuerpo de pies a cabeza. 

La Abatida: ¿Y qué veía? 

La Maga: A mí me gusta con guiso y calentado de fríjoles. 

El Sapo: A mí me gusta ponerle el huevo encima. 

La Tejedora: Que no tenía una pierna. La Maga: Yo la hago con amor y ya. La Abatida: ¿Siempre 

le faltaba un pie? El Sapo: El maíz está muy caro. 

La Tejedora: (Sonríe) No mijita, siempre que soñaba se le iba perdiendo una parte del cuerpo. 

Primero los pies, luego las piernas, torso y así y así. Las sábanas blancas de mi mundo onírico se 

volvían rojas, la sangre bajaba por las arrugas de las llanuras de mi cama como un río rojo. 

El Sapo: Ahora toca comprarlas en la tienda (Todos ríen). 

La Maga: La arepita no le hace daño a nadie. 

La Abatida: Igual que la sangre. 

(Todos se detienen. El sapo ayuda a bajar la Abatida y la Maga a la Tejedora). 

La Tejedora: Me decía que caminara sobre el arenal, que quizás él podría mandarme una señal 

desde abajo. El último día que soñé con él me dijo… 

Todos: ¡Es una niña! 

(Todos gritan de emoción, y a felicitarse mutuamente. Todos depositan papas en el fular de La 

Maga). 

La Tejedora: Que los zapatitos. 

La Abatida: Que el vestidito. 

La Maga: La arepa combina con todo. 

El Sapo: Que con queso. 

La Tejedora: Que la cunita. 

La Abatida: Que el peluchito. 

La Maga: Que hagamos migas. 

El Sapo: Que con salchichita. 

La Tejedora: Que La cintas para el cabello. 

La Abatida: Que los aretes, esos primeros tienen que ser finos. 

La Maga: Que mójela en la yema del huevo. 

El Sapo: La arepa ́e huevo. 

La Tejedora: Que el tetero. 

La Abatida: Que la pañalera. 

La Maga: Que la arepa de maíz trillado. 

El Sapo: Que la arepa mona. 

La Tejedora: Que la pulsera roja para el bebé, para que no le dé mal de ojo. 

La Abatida: Que no le tape la molleja, que lo ahoga. 

La Maga: La arepa de chocolo. 

El Sapo: Que no la deje podrir. 

La Maga: Como a la niña. 

(La Maga se acerca a La Abatida, la agarra fuerte del cabello y la mete en la nevera. El resto de 

personajes se juntan en el proscenio del escenario, se miran y esparcen el barro rojo por todo el 

escenario. Hablan entre ellos). 

La Maga: El gobierno no nos ha querido dar respuesta de nada. 

El Sapo: Rico que nos conozcan por esa operación. 

La Tejedora: Pero no nos conocen lo suficiente. 

La Maga: ¿Será que ellos también comen arepita en las mañanas? 

La Tejedora: El señor de la moto. 

La Maga: Ese se desmovilizó, pero para nada sirvió, porque por aquí no ha venido a comer arepita. 

El Sapo: ¿Hablan de mi papá? 

La Abatida: (Dentro de la nevera) Lo desaparecieron. 

La Tejedora y la Maga: Igual que a usted… (Lo miran. Él se queda congelado). 

La Abatida: ¡Sapo hijueputa! (La Abatida sale de la nevera y se acerca al Sapo) Ay mi amor. (Lo 

abraza). 

(La Tejedora toma de la mano a La Abatida y la lleva al árbol. La Maga y El Sapo vuelven a su 

conversación). 

La Tejedora: Su abuelo cogía aguacates de ése palo y se iba a venderlos a la galería… el árbol 

siempre estaba dispuesto a alimentarnos, cuando se fue me tocó a mí empezar a venderlos y ver 

como hacía para sustentar a esa parranda de pelados. 

La Maga: La pacificación de la comuna 13. 

El Sapo: Bloque cacique Nutibara (Alias don Berna). 

La Tejedora: El día que usted nació, su abuelo llevaba 1 mes desaparecido. Usted se quedaba 

viendo el techo y sonreía. Cuando de su boca salían las primeras palabras, corría tras la nada por 

toda la casa gritando “Hila”. Los boleritos se escuchaban en las madrugadas desde el infinito de la 

escombrera… los boleritos que me cantaba mi viejo cuando me traía serenata a las tres de la 

mañana mientras intentaba conquistarme. Ahora, la arena cae sobre los recuerdos del tiple oxidado 

del viejo y de su voz que ahora se seca con la tierra roja… Usted se quedaba sentada en la ventana 

cantando los boleros entre sueños. Siempre sentí que él los cantaba para mí por medio de esa 

hermosa voz. 

La Abatida: (Canta. El Camino de la Vida de Trío América). (Luz de Luna). 

Todos: ¡La fosa común más grande de Latinoamérica! 

La Maga: (Agarra al sapo y lo abraza con mucha fuerza) Papito no vaya por allá, que miedo. 

El Sapo: El que nada debe, nada teme. (Forcejean). 

La Tejedora: (Toma a La Abatida de los hombros) Sé que está enterrado bajo toda la escombrera 

de arriba… como usted mi niña… 

La Abatida: Si pelea con su amiga… 

La Maga: Que siga pelando papas. 

Todos: ¡La fosa común más grande de Latinoamérica! 

El Sapo: GUERRILLERO. (Busca por todo el escenario). 

La Maga: Estamos en toque de queda… no deje que le digan así papito, usted no es uno de esos. 

El Sapo: Me dicen que voy a ser ejecutado. 

La Tejedora: Enterrada Igual que él. 

La Maga: Que siga recogiendo basura. 

La Abatida: Si tiene rabia con su esposo… 

El Sapo: ¿Será que aquí si hay una papa? 

Todos: ¡La fosa común más grande de Latinoamérica! 

La Tejedora: Así que si en la muerte se encuentra con su novio no lo deje ir. 

La Abatida: Si pelea con su novio… 

La Maga: Ponga un panfleto con su foto en un poste ¡Y listo! 

La Tejedora: Enterrado, igual que ella. 

Todos: ¡La fosa común más grande de Latinoamérica! 

ESCENA V 

COMUNA 13 

(En escena se encuentra la Tejedora y el Sapo, mientras pelan papas

El Sapo: Oíste seño, yo creo que los vecinos ya nos critican de tanto estar pele que pele. La 

tejedora: ¡Ay mijo! Pues no ve que ellos han hecho lo mismo durante todo este tiempo. El sapo: 

Sólo que con cebollas. 

La Tejedora: Y zanahorias. 

(Ambos ríen). 

La Tejedora: Papito, yo no quería que ustedes se estancaran… Cásense, estudien, hagan sus 

vidas… 

El Sapo: Ay seño, para casarme con la flaca tengo mucho tiempo todavía… ¿O es que me está 

echando? 

(Ambos ríen). 

La Tejedora: ¿Papi, y no me iban a dar un bisnieto? 

El Sapo: (Con una sonrisa de ironía) Seño no, todavía estoy muy niño para eso… 

La Tejedora: (Con astucia) Es que necesitamos a alguien que vaya a hacer los mandados… Para 

que compre el pan, abra la nevera, compre los huevos, haga el agua de panela… 

El Sapo: Está bien, estoy de acuerdo, hay que dejar un legado… Yo me sacrifico pues y tengo 

muchos hijos con la flaca… 

La Tejedora: No ve que después, ¿Quién va a hacer lo que nosotros hacemos? 

El Sapo: ¿Pelar? 

(Risas

La Tejedora: ¿Te sentís muy enamorado? 

El Sapo: Abue, ¿le puedo decir abue? 

La Tejedora: Pues claro… 

El Sapo: Quien no se enamora de esos ojos, de esas piernas, de esa sonrisa… 

La Tejedora: (Interrumpe) Tené cuidado que estás hablando de mi nieta. 

El Sapo: Uff… y eso que no le hablé de… 

La Tejedora: (interrumpe tirándole una papa). 

El Sapo: De su personalidad, abue… 

La Tejedora: Menos mal me quedó ella… y usted, para reírme de sus ocurrencias. 

El Sapo: Abue, la verdad me da miedo traer hijos al mundo, a este mundo que nos tocó… 

(La tejedora mira al árbol de aguacates). 

La Tejedora: Creo que ya es un mundo que elegimos y construimos. 

El Sapo: Creo que mejor sigo pelando… 

La Tejedora: Creo que mejor sigo tejiendo… Quiero tejer los sueños de toda una comuna, todavía 

conservo la esperanza de que pelar, nos servirá para algo… No quiero seguir escuchando a los 

medios de comunicación que sólo muestran lo que les conviene. Para que nadie se informe 

realmente, para que no nos conozcan por lo que realmente somos. 

El Sapo: Creo que mejor seguimos pelando… Hace una semana pelé una papa que tenía forma de 

nevera. 

La Tejedora: Hace un año pelaron una papa que estaba muy podrida. 

El sapo: Hace 3 años y 6 meses lo cortaron por estar pelando una papa muy grande. 

La Tejedora y El sapo: ¡Estamos convirtiendo esto un completo peladero! 

El Sapo: La papa de la abuela estaba muy deforme. 

(Ambos ríen). 

La Tejedora: Papito, vaya y meta los huevos a la nevera. 

El Sapo: Ojalá mi cucha nunca olvide limpiar la nevera. 

La Tejedora: Su mamá nunca lo olvidaría. 

El Sapo y la Tejedora: Ya los panes están seguros, los recuerdos también. 

ESCENA VI 

AREPAS 

Entran la Maga y La Abatida. Todos ponen las ollas en el piso y empiezan a amasar el barro con 

las cáscaras y a armar arepas de diferentes formas, simbolizando las diversas regiones de 

Colombia. Unos las arman grandes, otras pequeñas, otras muy redondas, otras deformes. 

Mientras arman las arepas La Maga y La Abatida canta Noches de Boca Grande del Trío Martino, 

entre tanto El Sapo y La Tejedora hacen la melodía. Luego La Tejedora y El Sapo cantan, mientras 

La Maga y La Abatida hacen la melodía… Siguen armando arepas… 

Pasan las arepas de una mano a otra, muy lento. Con una mano pasan y con la otra reciben… 

Cada que uno recibe una arepa, la huele y palpa muy bien, tratando de reconocer a alguien en esa 

arepa. 

La Maga guarda con mucho cuidado en su fular 3 arepas. 

Paran su acción de pasar las arepas y la dejan en el proscenio. Vuelve a sonar “Noches de 

bocagrande” todos se levantan, se miran entre ellos, miran hacia el público y se abrazan. Todos 

desde el abrazo bailan la canción, como si fueran una pareja. 

Paran de bailar y miran a la nevera. 

Todos corren hacia la nevera, como si fuera un imán, la abrazan. El hombre se sube a la nevera, de 

pie. Las 3 mujeres palpan y huelen la nevera. Dan un fuerte grito. 

Las tres danzan alrededor de la nevera, sin dejar de tener contacto con ella, desde las manos, los 

pies, la cabeza… Como si amaran dicho objeto. 

El Sapo hala a La Maga y la ayuda a subir a la nevera. El Sapo baja y se une a la danza de las 

mujeres. El Sapo y la Abatida se quitan sus prendas, en el cuerpo de ambos se evidencian signos de 

tortura, disparos y cortadas. La Maga se pone una máscara que representa a la mujer en toda su 

magnitud, luego pone su mano entre la lana del árbol saca el aguacate. 

La Maga: Que la luz de la luna siga iluminando a aquellos seres que buscan respuestas, que la 

arena rodee los sueños de los hombres y mujeres del mundo, que el aguacate sea la fortaleza para 

aquellos que casi resbalan en guerra, que la tierra nos siga sosteniendo y no se vaya, que el pasto 

seco le dé el último adiós a nuestros seres queridos, (Saca una arepa del fular) que sea Teresa la 

mujer más fuerte, (Saca otra arepa) Que María Elena dé más gritos de lucha (Saca la tercera arepa 

y una papa) Que hombres y mujeres se sigan amando día a día y que no que dejen que sus hijos se 

presten para cumplir funciones que los llevarán a la muerte, que el amor a la patria no los hagan 

hombres caídos, que Colombia ame sus ríos y sus árboles de aguacates, sus cafetales y cultivos de 

papas. Que la luz de luna nos siga iluminando… 

La Maga cae lentamente sobre la superficie de la nevera. Luz de luna. Las mujeres y El Sapo 

siguen danzando alrededor, cada vez lo hacen más rápido. Se mezcla la música con la respiración 

agitada de ellos. La Maga cae totalmente. Ellos le bajan a la velocidad. La luz baja lentamente. 

Oscuro total. 

ESCENA VII 

CONVERSACIÓN INCÓMODA 

La maga se encuentra sobre la nevera con los ojos cerrados. La Abatida, se acerca a la Maga e 

intenta despertarla, después busca en su fular y saca el aguacate. La Maga se despierta de golpe y 

la agarra del cabello. 

La Maga: ¡Te pillé! 

La Abatida: No recordaba verla tan enojada como hace unos años. 

La Maga: ¡Después de tantas cosas no hay tiempo para el enojo! 

La Abatida: Entonces por qué lo está. 

La Maga: No lo sé. (La suelta y baja de la nevera). 

La Abatida: Ya llega la hora. 

La Maga: Sí, quítate la ropa. (La Abatida se mete a la nevera. Se escucha agua cayendo. La Maga 

mientras, agarra la ropa y empieza a ensuciarla con barro rojo y cáscaras de papa. La Abatida 

sale mojada, sin el aguacate y con una toalla envuelta. La Maga la tapa mientras se viste con los 

harapos sucios). 

La Abatida: (Mientras se viste) ¿Usted es la mamá del Sapo? Me acuerdo de usted, le decían La 

Maga y también recuerdo a su marido. Era un hombre alto, agraciado, tenía una revuelteria 

subiendo por la loma. Una vez que fui me regaló unos bananos para mi abuela. 

La Maga: Sus papás fueron los primeros en desaparecer ¿No? 

La Abatida: Sí, y después de mis papás, mi tío, luego El Sapo, usted… yo. (Termina de vestirse. 

La Maga se quita la ropa y entra a la nevera, se escucha la ducha. La Abatida ensucia la ropa. 

Sale de la nevera mojada y se pone la ropa

La Maga: Es raro, quedarse sentado, habitando… es raro ser ausente en donde se encuen… 

La Abatida: Es raro. 

La Maga: Su abuelo vendía aguacates en el centro, el viejo era buena gente, aunque si era coqueto, 

le encantaba ver mujeres pasando por todos lados. (Toman la ropa del Sapo). A mi hijo le encanta 

que le arreglen la ropita, así, con mucho cuidado. 

La Abatida: Menos mal a mí me gusta arreglar la ropa, así, con mucho cuidado. 

La Maga: Yo de su edad era muy verraca. 

La Abatida: Yo espero de la suya, seguirlo siendo. 

La Maga: Mi hijo es un hombre muy sensible. 

La Abatida: Yo lo cuidaré siempre. 

La Maga: Como yo… 

La Abatida: (Interrumpe) Le amaré. 

La Maga: Lo sé. 

Abatida: Gracias. 

La Maga: No permita que deje de pelar algún día. 

Abatida: No lo haré. 

La Maga: No permita que deje de amarme. 

Abatida: No lo hará. 

La Maga: ¿Rojo o azul? 

Abatida: Violeta. 

La Maga: Quisiera ir a buscar… 

La Abatida: Shhh. 

La Maga: ¿Me acompaña? 

Abatida: Me da miedo. 

La Maga: A mí no. 

Abatida: La acompaño. 

La Maga: Me encantaba verlo cuando era niño y corría por todas las calles de la comuna, era 

mágico ver esa sonrisa… 

Abatida: Yo también jugaba mucho, tenía muchos edificios de tierra para mí… Era toda una 

arquitecta. 

La Maga: El niño quiere que usted estudie. 

Abatida: Yo quisie… 

La Maga: (Interrumpe) El problema, es… 

La Abatida: Yo quisiera que él estudie, pero quiere ser policía. 

La Maga: Jummm. 

La Abatida: (Sonríe). 

La Maga: Cuando yo falte, ¿le va a preparar los fríjoles que tanto le gustan? 

La Abatida: ¡Claro! No tiene que decírmelo. 

La Maga: Lo sé… 

La Abatida: ¿Sabe?, fue muy difícil ganarme su confianza. 

La Maga: Temo mucho que lo hagan sufrir, el amor siempre lastima. 

La Abatida: Sí, pero también es necesario. 

La Maga: Pero eso no quita el dolor… 

(Las mujeres ensucian la ropa del Sapo, mientras El Sapo entra y se acuesta en el suelo. Luego 

extienden sobre su cuerpo la ropa y lo cubren de tierra y desechos, dejando solo su rostro 

descubierto). 

La Abatida: Ha criado a un muy buen muchacho. 

La Maga: Fue difícil, en este mundo es difícil. 

La Abatida: Pues lo ha hecho muy bien. 

La Maga: Gracias mamita. 

La Abatida: Extraño muchas cosas. 

La Maga: Sabe que la protejo. Yo no temo, ya no temo. 

La Abatida: Usted me ha convertido en una mujer muy fuerte. 

La Maga: Pero aún falta… 

La Abatida: Son tiempos diferentes. 

La Maga: Por lo mismo. 

La Abatida: Siempre hablan mal de las suegras, menos mal yo tengo a la mejor de todas. 

La Maga: Gracias. (Ambas ríen). 

La Abatida: Usted ha sido como una madre. Una regañona. 

La Maga: Y luchadora. 

La Abatida: Siempre. 

La Maga: No olvide meter los huevos a la nevera. 

La Abatida: Nunca. No olvide limpiar la nevera. 

La Maga: Nunca. Recuerde arreglar la ropa y pelar las papas siempre. 

La Abatida: No, no lo olvido. 

La Maga: Siempre estará protegida. 

La Abatida: Y su hijo amado. 

La Maga: Gracias… 

La Abatida: Gracias. 

(La maga entra a la Nevera). 

ESCENA VIII 

LUZ DE LUNA 

Entra La Tejedora y se sube a la nevera. La luz de la luna ilumina su rostro… ella tararea Luz de 

luna de Javier Solís. El rostro de la mujer expresa una mirada de espera y melancolía. 

La Abatida se posa tras La Tejedora, pone en sus manos un cuchillo y una papa, ella empieza a 

pelar mientras sigue tarareando la canción. La nevera se abre lentamente, de ella salen voces. Sale 

la mano de La Maga empuñando una papa, después saca su rostro. La mujer que continúa 

tarareando la canción, con sus pies le da un fuerte golpe a la nevera imposibilitando la salida de 

La Maga, ambas sueltan las papas, La Maga vuelve al interior. 

La Maga: Siempre protegí a mis hijos, hasta el último día. Fue muy sencillo para ellos, sabían mi 

dirección, mis ocupaciones, mis horarios. Sobre todo, mis horarios, yo realmente sólo quería 

proteger a mis hijos, a todos mis hijos, cuando hablo de hijos, me refiero a los de sangre y a los que 

elegí y adopté, hablo de todos los jóvenes de la comuna. 

Nunca me quedé callada, siempre les quería llevar lo mejor… Buena cultura, música, teatro… Pero 

en un país en el que no importa la vida del feto después de que nace, es muy difícil lograr 

transformarlo. Sin embargo, yo continuaba en la lucha por ellos. 

Un 17 de octubre del 2002, cuando las balas ya no hacían temer, salí hacia el centro en el transporte 

público, fue allí cuando sentí el rigor. El transporte frenó en seco y ahí estaban aquellos hombres. 

Me bajaron, me arrastraron hasta la escombrera. Dejé de sentir. 

(Se dirige hacia el árbol y cuelga sobre este el fular). 

El Sapo: Tin, la salida del colegio, tin que con los amigos, tin que un partidito antes de llegar a la 

casa. Ese día ganamos un 4 a 3 y les tocó pagar la gaseosa, el pancito invitamos nosotros, menos 

mal trabajé esa semana. Sentados todos en la esquina de la cancha llega mi amigo Ramón como un 

loco, “Viejo, lo pusieron en el poste” (La Maga da un golpe en la nevera poniendo el cartel, con 

una foto de él. El cartel dice: “Sapo Guerrillero”) ¿Qué? ¿¡Que guerrillero yo!? Santa Barbara 

bendita, salí corriendo para la casa intentando ser una sombra por la loma, al llegar le dije a la 

madre: Vieja no crea lo que dicen esos afiches, usted no se preocupe, espéreme un ratic… Y suena 

la puerta, 1, 2, 3 veces y cada vez más fuerte, le hago señas a la mamá diciéndole que se quede 

calladita, se rompe una ventana fuerte y se cae la puerta. Entran y fue la última vez que vi a la 

vieja… lo que más recuerdo es estar subiendo esa loma hacia el basural, con los ojos encharcados; 

no podía ver más que la oscuridad de unos metros a distancia. 

(La Abatida levanta la ropa del piso. Se dirige hacia el árbol y la cuelga sobre este. 

Simultáneamente La Maga se dirige hacia El Sapo y lo cubre nuevamente con tierra y desechos). 

La Abatida: La abuela me manda a hacerle unas vueltas al centro porque ella ya está muy vieja. 

Me encuentro con unos amigos antes de tomar el transporte y les digo que me acompañen, “Claro 

mi amor, con usted hasta el cielo”, “Claro linda, ni que estuviéramos bravos”. Las calles de la 

ciudad se hacían grises y ese presentimiento oscuro me sacudió la espina, como un beso en el 

cuello, como una caricia entre las piernas, como un beso después del desayuno. Un frio 

enloquecedor y circular se posa en la nuca y una voz suave y dulce dice: “Te vas a bajar conmigo o 

te toteo la cabeza”. Lentamente volteo a ver a mis amigos y los veo agarrados de sus sillas 

delanteras como gatos en cortina. Un hombre se levanta, hace detener el bus y nos hacen bajar a 

todos. Pude ver lo ojos del conductor hundidos en un mar de desesperación… vi como bajaba la 

cabeza para no ver mi cara mientras era llevada a una pila de carros negros con cortinilla. 

(Empieza a sonar Luz de Luna. La Abatida abre la nevera y saca el aguacate, y se lo pasa a La 

Tejedora.) 

La Maga: Dejé de sentir cuando perdí la cuenta de sus penetraciones. 

El Sapo: Tin un balazo en la pierna, tin una ahogada. 

La Abatida: Me arrancaron el pelo sin compasión. 

La Maga: Un palo en medio de mis piernas. 

El Sapo: 1, 2, 3. ¡Malparido! ¡Sapo! 

La Maga: Un machetazo en la columna. La Abatida: Una puñalada en mi abdomen. El Sapo: 

Arrancaron mi piel con pinzas. 

La Abatida: ¡Que pa ́qué nací! 

La Maga: Que si consideraba a todos esos “mis hijos”, una penetradita más no me haría daño. 

El Sapo: Tin que no siento la mano, Tin que no la pierna, tin que no siento la sangre bajando por mi 

espalda. 

La Abatida: Tras de huérfana difunta. 

La Maga: ¡Que la brujería no le va a alcanzar! 

El Sapo: ¡Que por estar en la lista lo vamos a matar! 

La Abatida: ¡Que por estar metida con los que no son, todo se lo va a tragar! 

El Sapo: ¡Que por estar hablando con la Policía se le va a fusilar! 

La Maga: ¡Que por andar buscando a sus “Hijos” la vamos a degollar! 

La Abatida: ¡Que por esa cara tan linda la vamos a rajar! 

La Maga: Entre las sombras de la escombrera encuentro a mi marido y mi hijo, entre la brujería y 

las cartas se encuentran los reyes y las reinas bajo la tierra. 

El Sapo: No puedo (Respira) No pue… (Respira) No… (Deja de respirar). 

La Abatida: Ácido por aquí, ácido por allá. 

La Maga: Había (Respira) había (Respira) hab… (Deja de respirar). 

La Abatida: El calor me… (Respira) el cal… (Respira) el… (Deja de Respirar). 

Todos: ¡La vida es solo una escombrera! 

(La Tejedora canta Luz de Luna mientras pela el aguacate. Llora). 

Oscuro

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