Viaje Astral

Tirado en un sofá y con la radiola del abuelo a medio volumen, mientras suena Nos sobran los motivos de Joaquín Sabina, Ricardo no deja de pensar en que le depare el destino a Vivian su hermana menor, la pobre es ninfómana desde que asistió a un ritual con chamanes en Nicaragua durante sus vacaciones.

La muy loquilla pasó a pie la frontera desde Honduras, al mejor estilo neoludita, un movimiento del cual Vivian hace parte, ellos odian la tecnología y todo lo moderno, por eso es de las pocas de su generación que lava su vagina con una mezcla de yodo y agua tibia para que “huela bien” y bebe todo lo que le ofrecen en una pequeña vasija de totumo que une a su cuello con una pita roja.

El día que salió de casa llevaba en su tula apenas lo necesario; algo de marihuana, un par de cervezas, tres camisetas, dos jeans, dos calzones, dos medias, un brassier y un cepillo de dientes, el resto se lo traería el camino.

  —¿Qué le diré a mis papás cuando pregunten por vos?—le dijo Ricardo, mientras le entregaba una botella de whisky ya empezada.

—Mira flaco…dudo que pregunten, pero si lo hacen diles que me fuí a descubrir que tenía el mundo para mí—respondió tomándose un laaargo trago.

—¡Para loca! eso es para el viaje, sella bien esa botella, vos sabes… que se derrame todo el vaticano pero no el licor—los dos se echaron a reír. 

Vivian no podía pronosticar el éxito de su viaje, pero sus experiencias pasadas hablaban muy bien de los recorridos que ya había efectuado de la misma manera; yéndose con poco y volviendo con mucho. Sus preocupaciones no eran el dinero ni tener una guía con los lugares más turísticos para visitar, esas cosas eran banalidades para ella que caminaba por el mundo buscándole la razón a lo irracional. 

Su abuelo, un tierno viejito de 80 años sabía justamente los ideales de la excéntrica Vivian, por eso no la dejó ir con el estómago vacío y le preparó su plato favorito, spaguetti remojado en aceite de oliva con queso parmesano, ella esbozó una gran sonrisa y sabiendo los momentos de hambruna que pasaría, comió como si no hubiera un mañana; mientras el viejo le acomodaba en una caja de icopor un picado de quesos y carnes para su travesía.

—Anoche soñe que caminabas en medio de un hermoso rosal— 

—Quizá camine por uno abuelo, ya sabes como me fascina sentir el roce de las flores y llenar mis pulmones con sus fragancias—le dijo Vivian mientras succionaba las últimas pastas.

Pasó un mes y ansiosos en casa esperaban su regreso, desde el mono tití que tenían como mascota, hasta el primo rarito que se instaló desde hace algunos meses en la casona, según él porque sus primos heredan solo porque están allí con el abuelo y pretende ser un buen nieto de último momento para obtener mayor ganancia monetaria (que tipo estúpido es el primo) pero como errar es de humanos, nadie discute su posición, ni quieren entrar en esa conversación.

Ese primo, fue el mismo que preparó un solo de tuba con ayuda de unos tutoriales que encontró por internet para darle la bienvenida a Vivian, obviamente no lo logró. Cuando ella llegó solo quería hablar con Ricardo, quería contarle lo que había experimentado a su hermano y mejor amigo. 

—¿Qué onda loca? contame todo ¿Cómo te fue?—le dijo Ricardo mientras le daba unos golpecitos en la espalda.

Vivian lo tomó de la mano y lo llevó de inmediato a su cuarto, buscando que nadie más escuchará lo que tenía por contarle.

—¡No sabes qué cosa increíble me ha pasado flaco!—exclamó mientras cerraba la puerta con seguro—salí hacia el Cerro Las Banderas, un lugar hermoso, con un grupo de personas muy de mi estilo a un ritual de ayahuasca, decían que durante la ceremonia lograbas una introspección profunda, una eliminación de egos, un despertar de la conciencia, una limpieza espiritual de no creer, pero ¿qué crees? conmigo como que no funcionó flaco, sin embargo, descubrí mi verdadera yo, mi verdadera esencia, para qué diablos vine a este mundo, descubrí que mi cuerpo es un trasmisor de calor, pasión, sudor, morbo, sexo, goce, disfrute..

—Ya.. ya.. ya.. para loca, pero ¿qué cosa es esa? ¿cómo que a vos no te funciono si te descubriste?—le pregunto confuso.

Ricardo era todo lo contrario a Vivian, un tipo de treinta años que nunca había salido del país, no hablaba otro idioma como su hermana que hablaba dos; era un economista, muy bueno en su materia, tenía un puesto laboral muy rentable y su vida social era escasa, por eso y otras cosas más no tenía ningún conocimiento sobre medicina ancestral, ni rituales, ni andar por ahí pidiendo aventones en carreteras, ni cómo conocer gente nueva en un paseo, su mayor característica era la inteligencia y la tolerancia, así que Vivian le contó desde el principio.  

—Ese ritual por lo general se hace en un ambiente natural y despejado, preferiblemente al aire libre para que las energías fluyan y todos los participantes lleguen al “nirvana”. El lugar de encuentro y donde sería la toma, era en una casa de campo que quedaba perdida entre el camino montañoso hacia el Cerro, al llegar ví que ya varias personas habían acomodado carpas alrededor de la casa, así que busque el mejor lugar y arme la mia. Esa noche las personas que nos guiaban usaban vestimentas muy apropiadas para el ritual, ruanas de colores y collares elaborados con muchas semillas del tamaño de la pepa de un durazno, al moverlas emitían un sonido que casi casi era música, como unas maracas—agito sus manos simulando tocar ese instrumento—el chamán o Mayor como lo llamaban algunos que por lo visto ya habían hecho tomas antes; se sentó junto a unos velones blancos mientras fumaba tabaco y hacía canticos indígenas, digo indígenas porque no conocí esa lengua, nunca había escuchado algo así; luego ya en español pues, el Chamán habló sobre el viaje experimental que íbamos a tener, algunas recomendaciones y ¡listo!l se dio inicio a la entrega de la bebida—

Ricardo sin dejar de verla un segundo y limitándose a escucharla, se recostó sobre la cama buscando un mejor ángulo; Vivian siempre hacía de sus historias toda una dramaturgia y eso a él le encantaba. Ella continuó:

—Debíamos hacer una fila, éramos como…—miro al techo para recordar—treinta o treinta y cinco personas más o menos, cuando llegó mi turno y estuve frente al chamán él me miró tomó una copa que previamente le sirvió uno de sus ayudantes, murmuró unas palabras sobre ella y me la entregó, con señas le dije que me pusiera la bebida en mi totumita pero se negó mirándome muy fijamente, en ese momento sentí una presencia muy poderosa y una energía ¡ufffff no sabes! como si esa persona fuera mágica, como si esa persona pudiera ver mi interior, como si esa persona tuviera todas las respuestas a mis preguntas, como si estuviera frente a un viejo milenario muy muy sabio que me cambiaría la vida.

Ricardo aprovechó la pausa:

—¿Y… qué mensaje dejó el viejito sobre la bebida?—rió a carcajadas 

—¡Baboso, no he acabado aún!一le dijo Vivian mientras reía y se abalanzaba sobre él para darle un coscorrón a modo de broma—déjame terminar (carraspeo su garganta) pasó como media hora, yo me sentía casi que normal, tal vez algo borracha y con una sensación de estar un poco drogada—Ricardo se encogió de hombros mostrando desconocimiento en tema de drogas. 

A Vivian siempre se le olvidaba lo diferente que era su hermano, justamente eso es lo que más le gusta de contarle sus historias, él poco interrumpe, presta mucha atención y se asombra como un niño pequeño al que le están contando una historia de terror.

—Ahhh vos no sabes—le recalcó ella con algo de pesar—el hecho era que no había ninguna sensación mágica como me habían contado, ningún mensaje divino había tocado mi puerta mental ni física, hasta el momento no tenía ninguna respuesta a tanta pregunta que rondaba mi cabeza, así que buscando que me hiciera más efecto, salí, pensé que tal vez el aire fresco, los árboles o hasta las montañas harían que el universo escupiera ese dichoso mensaje que tenía para mi. Cuando abrí la carpa la escena que ví era como de una obra de teatro mal hecha—se agarró el pelo y suspiró profundo como recordando para no omitir detalle—continuó:

—Me di cuenta que todos estaban fuera de sus carpas y por sus actitudes supe enseguida que ya estaban con el efecto de la planta; muchos vomitaban en los arbustos, otros reían a carcajadas, otros maldecían, otros danzaban, cantaban, hablaban con las flores, las rocas, el pasto… algunos guardaban silencio mirando a la nada y algunos otros se revolcaban en sus más profundos pensamientos ¡una locura! recuerdo mucho en especial una señora como de unos cincuenta años creo yo, la pobre sufrió muchísimo, lloraba muy acongojada y llenaba de insultos a un ser invisible para nosotros, pero tan real para ella que seguro sí lo veía a los ojos, se jalaba el pelo, se tiraba al piso, por poco y se desgarra la ropa, definitivamente su introspección se salió de control, sentí mucha tristeza por ella y en el fondo pensé que si los mensajes iban a llegar de formas tan extrañas como la risa, el llanto o el descontrol, estaba muy bien que el mensaje divino no hubiese llegado a mi, no quería sentirme así y menos ser observada salida de mis cabales, aunque en realidad creo que la única que estaba observando cada cosa, era yo. 

Sin querer omitir detalle le mencionó uno en especial que sabía Ricardo apreciaría sobre los efectos de la planta sagrada como es llamada en muchos textos, que aparte de causar alucinaciones también limpia el organismo por medio de la diarrea y el vómito, por eso cada toma de Yagé va acompañada de baños artesanales exclusivos para defecar, conformados en espacios de  metro y medio por metro y medio, encerrados en telas con un grande hueco en el centro, allí las personas tendrían que llevar su propio papel higiénico y defecar uno sobre otro.

—Una obra de terror claramente—le dijo Ricardo subiendo las cejas y dejando su boca entreabierta, evidenciando el asombro que le había causado el relato de su hermana.

Recordó cuando estudió economía en la Autónoma de Honduras y tuvo un profesor de la facultad de ciencias sociales que conoció por casualidad en una de sus clases complementarias, esté en alguna oportunidad lo había invitado a una ceremonia de ayahuasca, pero lo que le había contado no era nada parecido a lo que había experimentado Vivian. 

—Había escuchado que esos rituales son una cosa fuertísima pero no imaginé que tanto, pensé que era algo más tranquilo—le dijo Ricardo aún sorprendido. 

—Tranquilo es flaco, los demonios de las personas son los que no son para nada tranquilos, menos mal mis demonios salieron a flote de otro modo—le dijo Vivian sonriendo y mordiéndose los labios, abriendo sus grandes ojos cafés como si estuviera viendo una película de acción. 

—¡Oyeee! Esa cara da miedo…acaso ¿qué demonio se apodero de vos?— 

—El demonio del sexo 

—¿QUÉEEE? No me digas que fuiste a ligar

—Fue más que eso y no fue precisamente en la toma de ayahuasca

—Quiero saberlo todo, te escucho loca

La conversación es interrumpida por unos pequeños golpes en la puerta, era el abuelo, al parecer las horas habían pasado y ellos ni se percataron, el viejo había preparado la cena y estaba llamando a la mesa. 

—Enseguida vamos abuelo—respondió Ricardo 

La cara tierna e inocente de ese dulce anciano asomada en el marco de la puerta de su cuarto invitándolos a comer, el estar acogida de nuevo en el calor de su casa, el sentir la profunda inocencia de su hermano y el escuchar su torpe primo tocando la tuba en el patio,  fue lo que la hizo pensar en que el desenlace de la historia que estaba relatando de manera tan entretenida a Ricardo, era demasiado para él; así que lo animó para ir a cenar prometiéndole que seguiría su historia después de comer. 

Así fue, pero Vivian suavizo la verdad, le dejo de contar con pelos y señales, terminando brevemente con una historia medio sosa donde ella termina involucrada en un frívolo trio a unos metros de la cabaña donde estaba su carpa. 

Luego de inventar un final satisfecho para Ricardo, Vivian se fue a su habitación sonriente y algo cachonda, los verdaderos recuerdos de lo que pasó esa noche le hicieron poner los pelos de punta.

La verdad fue ésta; después de abrir su carpa y observar el entorno por unos minutos salio algo mareada y con ganas de vomitar, las personas estaban muy esparcidas por ende casi no habían espacios limpios para hacerlo, así que se alejó, empezó a caminar y caminar, empezó a respirar más profundo y las ganas de vomitar se esfumaron se sintió más tranquila y siguió caminando entre arbustos tupidos con diferentes aromas, en ese momento recordó el sueño de su abuelo, seguro a eso se refería, le pronosticaba un sentir de la naturaleza en su máxima expresión escuchándola con admiración. 

Sin darse cuenta avanzó unos trescientos metros pensando en el todo y en la nada hasta que el sonido de música a un alto volúmen llamó su atención, el ruido venía de una casa, parecía que estaban en algún encuentro, Vivian curiosa se acercó, habían un par de sujetos fumando cigarrillo en la puerta de la entrada riendo y charlando muy ameno. Siguió inspeccionando el lugar como quien mira a alguien de arriba a abajo, se percató de una luz roja brillante que provenía de un cuarto en la parte trasera. Evitando ser vista se acerca mucho más aún, tanto que ahora solo estaba a unos cuantos centímetros de la ventana, lo que escucho la hizo querer saber más de lo que sucedía allí. 

Eran gemidos, gemidos fuertes, rudos, deliciosos y más interesante aún, al parecer no eran de solo un par de personas, eran más, esos quejidos placenteros solo los podía hacer una gran orgía; <<basta de oír, quiero ver>> pensó y enseguida revisó todas las esquinas de la ventana ¡Bingo! en una de las esquinas estaba la cortina corrida, lo suficiente como para que cualquier espectador morboso se diera un festín. 

Como un cocodrilo asomando sus ojos en una laguna, así, con ese mismo sigilo Vivian posó sus ojos en la ventana y lo que vió la puso a babear. 

Eran cinco personas, desnudas, transpirando y dandose placer en medio de una estela de vapor, todos al parecer cumplian una importante tarea, pero la escena que más motivó a Vivian hacer parte de ese banquete anatómico fue la de un hombre alto de pie leyendo a viva voz poesía del Marqués de Sade mientras una hermosa mujer morena con un abundante cabello crespo le chupaba su pene erecto de una manera delicada pero muy provocadora, después de observar por algunos minutos quiso ser parte de algo tan magníficamente sexual. 

Queriendo ahora sí llamar la atención de los participantes del bacanal, desabrocho un par de botones de su camisa y con suavidad sacó uno de sus senos, para masajearlo, sin recibir respuesta, empezó a frotar su duro pezón contra la ventana, el hombre que leía al Marqués no se inmuto, pero sí uno más joven que él, que mientras copulaba con otra chica veía ese pezón restregandose en el vidrio, dio aviso al quinto participante, un hombre negro que se masturbaba frente al pregonero poeta; soltó su enorme pene se acercó a la ventana para ver más de cerca que sucedía y al ver el pezón duro de Vivian, sonrió pensando que por fin había llegado quien completaría tan virtuoso sexteto. 

El hombre negro en el afán de ver de cuerpo entero a su chica misteriosa, trastabilló poniéndose una bata levantadora para que nadie más lo viera desnudo, al parecer la casa estaba llena de gente y lo que sucedía aparte de una orgía, era una fiesta.  

Ingreso por la puerta trasera (la más cercana a la habitación del sexo) al pasar la puerta del cuarto su primer amante, el negro, le empezó a quitar prenda por prenda mientras el resto del grupo la miraban hambrientos y sonrientes como dándole la bienvenida a algo que para ella definitivamente sería inolvidable.

Penetrada por el pene más grande del cuarto, manoseada por una chica rubia y viendo otras dos parejas fornicando en cada esquina, Vivían sintió por primera vez la plenitud, la satisfacción, se sintió completa y segura; a pesar que eran desconocidos, que no sabía sus nombres, sus gustos o defectos, ellos le estaban entregando tanto, le estaban entregando placer, sin límites, sin prejuicios, sin decir nada, sin hacer preguntas ni dar respuestas, simplemente estaban ahí, seis personas entregadas al deleite corporal, cubiertos por una furia volcánica de pasión. 

Antes de quedar completamente dormida en un sofá que había junto a la cama, Vivian abre los ojos por completo y se deslumbra con la luz que entra por la ventana, ya había amanecido y el sol parecía más fuerte que siempre, limpia las lagañas de sus ojos y observa su entorno, sus acompañantes posan desnudos como ella, tres en la cama, el negro junto a ella en el sofá (parece que fue su favorito de la noche) y por último la chica morena en el piso con un cojín por almohada. Sus recuerdos tomaron más vida cuando se saboreo la boca, aún tenía semen entre los dientes, podía ser de cualquiera, tres hombres se habían venido en su boca la noche anterior. 

Cuidando de no despertar a nadie ubicó su ropa, en silencio se vistió y salio de aquella casa que parecia había aparecido por arte de magia horas antes. Mientra caminaba de vuelta al camping de yagé iba recordando cada momento en esa casa, cada caricia, cada beso, el vapor saliendo de los cuerpos, cuando se juntaron los seis como armando un rompecabezas a la perfección, se saboreaba recordando los penes que chupó y las vaginas  jugosas que se posaron en su boca, sensaciones que le entregaban un calor interior tan grato que no dejaría ir.  

La mañana siguiente de haberle contado el final falso a Ricardo, Vivian se levantó con ganas de alimentar esa sensación grata de esa noche inolvidable, salió de su cuarto y vio en el patio a su primo un poco gordito él, pero refinado, no lo acompañaba ese estorboso instrumento que él creía tocaba bien, esta vez estaba en otra labor, había lavado unas sábanas y estaba tendiéndolas en las cuerdas. Vivian se quedó viendo con detenimiento las manos, los movimientos que hacía cuando sacaba la sabana, como la envolvía y con sus dedos la apretaba para sacarle los últimos residuos de agua, vió su rostro, él se mordía los labios esforzándose por hacerlo bien, noto que era observado:

—Hey, la Vivi se ha despertado, vení ayudame con esto, es mejor entre dos—le dijo sonriente. 

Ella se acercó y empezó a escurrir las sábanas con él, tuvo más por detallar, sus brazos, su lindo rostro, sus largas pestañas y esa sonrisa pícara, no pudo evitar pensar en que su primo era apuesto y que así como agarraba las sabanas, agarraría sus caderas, sí, ese primo que toda la vida había estado enamorado de ella al parecer iba a tener la oportunidad de ver algo más de lo que siempre veía.

—Vamos a tu cuarto—le susurró Vivian sonrojada.

El primo sonrió como nunca y asintió con la cabeza, se metieron al cuarto y tuvieron sexo de una manera tan sutil y delicada que Vivian se enterneció, casi se arrepiente, pero no, el yagé sin haberle entregado un mensaje divino con un duende contándole chistes o un demonio haciéndole muecas, le había enseñado a ver la belleza en cosas que a primera vista no la tienen, le había enseñado que cualquier día es bueno para un gran melodrama y sobre todo le había enseñado que la curiosidad no mató al gato y que si llegase a morir, moriría feliz. 

Ricardo despertando aún y desperezándose en la ventana de su cuarto, visualiza a Vivian saliendo desaliñada del cuarto de ese primo desagradable que pocos quieren, enseguida supo que algo había sucedido con su hermanita, no podía creer tal barbaridad.

Pasados los días se enteró con gente del vecindario que Vivian se había acostado con el lechero, el carnicero, el panadero, el zapatero, la peluquera, el mejor amigo de tal, la mejor amiga de tal otra, se convirtió en sex symbol de todo Honduras, iba a programas, daba entrevistas por televisión, por radio; decían que acostarse con ella era todo un viaje astral, una experiencia de otro mundo, se convirtió en una gurú del sexo, todos fornicaban con ella pero la respetaban por ser una supremacía sexual.

Su hermano nunca supo la historia real, por eso aún no comprende en qué momento pasó tanto y hasta ha pensado en buscar una ceremonia de yagé, tiene curiosidad por saber qué demonio se le presentará a él. 

Ana Verano

veranoanaelisa@gmail.com

Colombia

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