Infierno Obsesivo

¿Alguna vez has intentado en tu propia decadencia y miseria, lleno de angustia y desesperación interior, poder quitarte ese tormento calcinante que te impide salir adelante, al progreso, al éxito, donde sólo existen las cuentas por pagar y un trabajo mal remunerado?

Miro a través de la ventana del Cabo Baja, el autobús que corre por la carretera peninsular uniendo a los pueblos de las costas, en un recorrido diario de decenas de kilómetros, solo se puede observar el agraciado paisaje de la Baja California, montañas al interior, suelo árido, pequeños y tristes pueblos, las mansiones palaciegas de extranjeros, siempre conviviendo en mísera vida proletaria y popular, sirviendo a la opulencia condenado aún, sin poder disfrutar un segundo sus encantos, los yates, los lujosos hoteles, la vida espectacular del poderoso, entonces pienso ¿debe haber algo más qué puro bregar? Algo más…  ¡no puede ser todo en la vida que labrar, trabajar, alquilarse!, ¿por qué dedicar nuestros mejores años, nuestra juventud, salud y mentalidad a cuidar intereses ajenos siempre?

Una tarde, decido fastidiado y abanto de esta forma de sobrevivir, traspasar mi alma al diablo, el señor todopoderoso que concede tesoros y deseos a cambio de mi alma, tengo una sola vida y quiero vivirla bien. A continuación, bien decidido prendo la computadora,  y en el buscador comienzo a escribir las palabras pacto con el diablo, me maravillo de los cientos de enlaces que aparecen al segundo, por lo que veo no creo que sea el único desesperado. Miro múltiples formas de invocación: pintar pentagramas, rituales, cantares, lo curioso del caso es que existen hasta tutoriales; encuentro uno con esa pinche voz del internet, ¡hola amigos de la red!, ¡Dale link! Me encanijo y pienso: ¿cómo es posible qué en este mundo donde todo el conocimiento está al alcance de cualquiera, existan tantas pendejadas por internet?

Sin embargo, la ignorancia es palpable en la sociedad, pan y circo dijo alguien en el pasado. Sigo maquinando en mi cerebro ideas tales como: tenemos el conocimiento en nuestras manos y solo lo utilizamos para ver una sarta de pendejos, en realidad no tan pendejos, porque existimos los idiotas que los vemos y los leemos. Sigo navegando por la red,  de pronto me llama la atención una página, le encuentro coherencia al texto, se me hace razonable: tengo que crear un contrato privado entre dos personas, comienzo a redactar, de pronto me interrogo ¿y a quién va dirigido? Luzbel, Lucifer, Belcebú, Astarot, u otros muchos nombres, es el colmo ¿cuál será su verdadero nombre? Si no es el correcto, el contrato es inválido. Al final decido por Belcebú, será que suena más elegante y aristocrático como corresponde a tan digno señor, ángel caído, ¡me lleva a otra pregunta sin respuesta!

Descargo un machote que encuentro y prosigo esta tarea, ¡listo la parte final! Firmar con sangre, lo imprimo y ni siquiera tengo la fuerza para auto lastimarme, luego reflexiono, pienso en como fregados lo entrego, ¿a quién? ¿En dónde? ¿Cuántas copias? Fastidiado lo doblo y guardo en mi cartera. Ahí permanecerá muchos meses, mi suerte y fortuna seguirán igual, la curiosidad de firmar un contrato con Belcebú para entregarle mi alma abandona a este miserable hombre.

Ya olvidado aquel asunto del contrato, un buen día me encuentro con el contrato privado, después de reflexionar unos minutos, agua pasada, lo arrojó a la basura, diciendo: ¡Belcebú chingate! Y me quedo pensando “debo  escribir, volverme escritor en mis ratos libres, a lo mejor algún día me saca de este estado degradable y abanto”. Comienzo a escribir, no cambia nada en mi vida, sin embargo, el escribir consume mis pensamientos de buscar la justicia de manera obsesiva, mirar la miseria, seguir trabajando para sobrevivir.

Nuevamente me llegan ideas del infierno, el contrato que no fue firmado y el pacto que nunca fue cerrado. Y después de investigar tantas cosas sobre el tema en la red, pienso y concluyo entonces:

Dios es nuestro padre, si llegáramos a cometer pecado, nos espera un eternidad de sufrimiento como castigo, no una vida,  no, no unos cuantos años, ETERNAMENTE, sufrimiento y tortura, ¡no mames buey! Por algo el dicho popular: “pobre del pobre que al cielo no va, jodido aquí, jodido allá”, quizá en algún momento los torturadores en el infierno, están chingadamente más jodidos que los pecadores, le deben perder la pasión a su oficio, al principio van a querer ser los mejores y eficaces, le dedicaran más tiempo del permitido, no se diga… serán creativos, pero con el tiempo le pierden las ganas, la excitación, imagínate diario lo mismo eternamente, en algún momento le tendrán que perder el gusto.

En ese momento tu tortura pecador ya no será como la esperas y debe de ser, tendrás que hacer filas, no por horas, años, décadas, siglos, para que cuando sea tu turno, el hijo de puta en el infierno, encargado de la faena no le ponga garra, vas a perder la paciencia seguramente, odio las injusticias, pero que te tomen de pendejo, ¡ni madres! Peor tantito, que en  tu turno, te toque un puto pasante, que se la pasa comiéndose los mocos, rascándose la cola y poniéndole vaselina a sus pinches cuernos, ¡me lleva! A diario eternamente la misma fila, me cae esa si es una verdadera penitencia. El señor, tu zurrador del infierno llega tarde, en su tiempo de tolerancia va por sus enseres de tortura, saluda a otros pinches compañeros igual que él. Primero se prepara su café, toma su almuerzo, toma su descanso, vuelve a platicar y puta madre hoy se va temprano por problemas en casa  y me cago. Pasan mi cita a otro día  en cuatro siglos adelante, te dan la excusa ¡estamos saturados, comprenda! Me lleva la que me trajo, pinche infierno.

Cuatro siglos después… sonrió ¡ya salí de la cámara de castigo por hoy! Me dirijo a buscar empleo, porque también en el infierno hay que trabajar, que esperabas sólo tu castigo y ya, ¡no cabrón, aquí se viene a trabajar! Pienso: “ya se la pelaron, al menos estudié arquitectura, espero aquí tenga suerte, quizá aquí sí puedo realizar mis sueños de diseño y creación”, pero paso a otra parte del infierno, entregando todos los putos papeles que he recopilado en siglos y no te puedes imaginar que este infierno-ciudad, también está hasta la madre de cabrones malos, la sobrepoblación del infierno. Llego con el puto del área de recursos humanos, otra pinche vez, no hay lugar para residentes de obra, pues claro, es de esperar cuantos pinches arquitectos han muerto, Vitrubio tiene a  Leonardo Da Vinci de residente. Llegó antes, más sus pinches contactos de Dante en los círculos, tienen tomado el infierno, no me queda más que volver a jornalear, los mejores puestos de aquí son para los junior, los hijos de los pinches diablos, ¡ah caray! Ni muerto uno se salva uno de las injusticias; para rematar salen con la mamada de un  contrato de prueba, le digo: ¡no mame! Siquiera extiéndamelo por lo menos una media eternidad en lo que busco otra mamada, en esta pinche Ciudad-Infierno.

Estoy que me lleva, logro un trabajo miserable llamado: para la rehabilitación de espacios recreativos, me caga como si en el Infierno fuera necesaria la recreación y para rematar no coincide con mi horario de castigo y tortura; ahí me vez como idiota corriendo del trabajo a la inquisición, que es el área asignada para mi castigo diario eternamente…  pinche análisis me dejó más jodido.

Nuevamente en el camión del Infierno  – porque aquí también me chingaron sin carro -,  me topo con una persona que viene a toda madre, lo observo: va cantando, me siento a su lado busco platicar con él, este cabrón diablo me cuenta que trabaja en la sección de la inquisición para pecados de lujuria XXTOR-LUJ-18765,  se llama Miguel,  que desde que llegó su padre le consiguió un puesto ahí, no le va mal, sale a sus horas, tiene beneficios y seguridad social, puede faltar luego lo cubren, lo mejor es que en el trabajo le toca ver mujeres hermosas. Pienso en cuanto a mí en la obra, puro cabrón, cuando llega una arquitecta, ni voltea a verme, se va directo a buscar a los de más jerarquía. Nos despedimos y comenzamos a coincidir en el autobús todos los días, puedo decir que este tipo me agrada, siempre está fresco como lechuga aún en el infierno, algún día espero tener un trabajo así.

Después de unos años en el infierno, logro hacerme de una pequeña casa, endeudado hasta la madre, me compro un pequeño televisor, miro las noticias: el partido de Hitler,  el Ku Klux Klan, consejos diarios de asesinos seriales, la propaganda del diablo, votaciones, comerciales de basura, con toda esa cochinada televisiva que no sirve para absolutamente nada. Todo sigue igual, uno no extraña la vida terrenal de arriba, es exactamente igual, la policía sigue beneficiándose de los asalariados, tienes que cuidarte más de la policía que de los rateros; debo imaginar que en su otra vida eran delincuentes, ya que tienen experiencia en prever los delitos, así como yo que era arquitecto me toca trabajar de lo mismo, es increíble como pueden ser tan insensibles. La pobreza tal cual y peor, bueno, ¿que esperaba?, el infierno maximiza los pecados y la gente con buena fortuna siempre tendrá buena fortuna.

Pienso en mi contrato con Belcebú, ¡pues claro! Como va a comprar el diablo algo que es suyo, que siempre le ha pertenecido y que es su derecho después de todo, peor si uno vale pura mierda de qué le sirve eso, un alma que no sirve para ni madres, de un pinche y simple mortal, no creo que tenga ni una pizca de pendejo.

Aceptemos que vivimos en un infierno, la vida sigue tal cual. La diferencia son pequeños matices, no podría ser diferente, pues el mundo es obra del hombre para el hombre. Dios y Belcebú sólo nos miran…

Rodolfo Vázquez

rodolfobali_@hotmail.com

México

2 comentarios sobre “Infierno Obsesivo

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