Pasajero del vuelo 6673-I-M-V

Era miércoles 26 de Febrero del año 2020, regresaba de un viaje  desde Europa, Portugal en Faro-Algarve Moncarapacho, en un sitio apartado de la ciudad un campo muy hermoso donde la naturaleza y sus paisajes brindan una paz espiritual, determinante para el pensamiento, la tranquilidad y las emociones que sin duda alguna regresaría de nuevo a ese lugar en casa nirvana, ahí había estado por tiempo de 3 meses donde viví la alegría y la felicidad de compartir con mis hijas de nuevo, pero donde también viví y padecí el dolor de perder a mi madre y no estar a su lado en esos momentos tan difíciles en Venezuela, a los 7 días de haber llegado a Portugal ella muere a  causa de una enfermedad terminal que por muchos años padeció.

Yo, tenía 3 años que no veía a mis niñas, y así debí aprender a combinar ese  dolor con la alegría en cada noche y cada día, a sonreír y a llorar, cuando iba a mi habitación  había una sola realidad, un frío inclemente arropaba los jardines y en mi caminar solo pasos en la oscuras noches se oían al pisar aquel arrocillo de piedras que adornaban los pasillos en los patios de  casa nirvana, algunas veces me sentaba en una escalera a mirar las estrellas entre tanta oscuridad pero el frío y los vientos de aquellas noches y su silencio me llevaban a otro lugar, necesitaba hablar con el tiempo, era enfrentar mis pensamientos aceptar esos momentos y vivir, es lo que ahora hago.

Había preparado mis maletas 2 noches antes de partir algo preocupado por la noticia de que un virus estaba causando desgracia en china con algunos contagios en Europa y ya circulaba por el mundo la información de su propagación, angustiado pensaba que no fueran a cerrar los aeropuertos porque ya había comprado mi boleto del tren y ya se había confirmado el vuelo de regreso, que salía desde Lisboa a Madrid y de Madrid a Venezuela en el vuelo 6673  de Iberia del día 27 de febrero. Otro día que particularmente no quería que llegará ese momento, era la despedida con mis hijas  y con todo el grupo familiar con quienes convivía, yo trataba en todo instante de no hablar de mi regreso pero las niñas hacían planes para que yo no regresará a Venezuela y cada día hacían cualquier propuesta, no eran las condiciones para quedarme en ese momento, por segunda vez  nos alejábamos sin saber si volveríamos a estar juntos, pero yo  tenía algo claro en mi memoria que debía regresar a Portugal y en eso debía enfocarme luego.

Llegué a la estación del tren en Olhao a las 11:00 de la mañana, ahí espere hasta las 2:15 de la tarde, mientras me tomaba un buen café y me comía un helado, un paisaje sencillo, una estación de tren solitaria parecía se había detenido el tiempo, en ese lugar me llamó la atención un  reloj colgado en una pared  ahí  en los bancos de espera donde abordaría el tren, tome mi celular y lo fotografié, luego salí rumbo a Faro, ya con una tristeza que me partía el corazón por lo que dejaba y pensando que tenía que hacer el trasbordo a otro tren en la estación con destino a Lisboa, sin ver en ningún momento algún comunicado o publicidad de prevención por lo del virus que sería luego una pandemia, y que durante casi 5 horas de viaje no podía pensar sino en la hora de llegada, siempre hay un susto cuando se viaja en avión, en tren, o en carreteras nada es completamente seguro, sabía que la noche sería larga tenía que dormir en el aeropuerto  mi vuelo salía a Madrid a las 6:00 de la mañana.

En Lisboa, llegue a la estación de trenes de Oriente, muchos viajeros en completa calma, mi sorpresa cuando a los 20 minutos en taxi llego al aeropuerto internacional de Lisboa y observo aquella cantidad de viajeros de todas las nacionalidades con tapabocas, Chinos, Españoles, Ingleses, Alemanes; esto despertó aún  más  mis angustias y dije: Dios mío si esto está pasando ¿por qué no hay información aquí?, ni comunicación a nivel de Estados o de gobiernos, aquí no hay ningún anuncio de prevención, ni los guardias de seguridad del aeropuerto tenían guantes, ni tapabocas, me acerque a un centro de información y una funcionaria muy amablemente me indica que según mi boleto debo permanecer en el área fuera de embarque hasta el amanecer.

Me  quedé con mi maleta cerca de la oficina de la aerolínea y de una fuente de soda, saqué de mi bolso un pan relleno con queso que traía de casa compré un refresco y me senté en una mesa, esa era mi cena y mi desayuno, ahí pasé la noche conocí a un Sr. Muy amable Portugués de la isla de Madeira nos tomamos 2 café y conversamos, él viajaba en el mismo vuelo con destino al oriente del país en Venezuela, habían otros Venezolanos que viajarían en otra aerolínea, a dos mesas de distancia donde yo estaba, cruzábamos algunas palabras conversando  sobre  las personas  que pasaba por los pasillos y que en su mayoría llevaban tapabocas, no sabíamos la magnitud del problema que recorría al mundo frente a nosotros, observé a la dama que me sirvió el café que tenía sus guantes y un tapabocas,  pensé que solo era una norma del negocio, pero tampoco habían controles de prevención de ningún tipo que hicieran referencia a cuidarnos del contagio, ya el covid 19 estaba en Europa hacía días.

Una delegación china con más de 20 personas llegó a la media noche, algunos viajeros  les miraban con cierto recelo usaban tapabocas y guantes, también abordarían  ese vuelo a Madrid en la mañana. 2 horas sería la duración de aquel viaje, al amanecer me subí  al transporte interno que nos llevaría hasta el avión, al entrar ya estaba toda la delegación china ocupando casi todos los puestos, pude sentarme, pero en  medio de una cantidad de pasajeros con tapabocas y tosiendo, dos ancianas de esa delegación iban de pie, yo le cedí mi puesto y se sentaron mostrando agradecimiento con un gesto, para mi sorpresa en el avión eran mis compañeras de vuelo en la misma fila de asientos, ¿cosas de la vida?, podría ser, amablemente me levanté y le di paso a que se sentaran, creo dijeron gracias con el mismo gesto de agradecimiento con su cabeza hacia el suelo e igual yo les respondí, ellas con sus tapabocas puestos durmieron todo el vuelo hasta Madrid, yo, Ni dormí, ni comí, ni me levante de ese asiento pensando en mis niñas que las dejaba, en mi madre que ya no estaría,  en mi padre y mis hermanos quienes me esperaban, muchos  pensamientos se encontraban en mi memoria con gran preocupación por lo que estaba viendo y todavía en otras partes del mundo no se sabía del peligro del coronavirus covid-19.

Al llegar a Madrid debía tomar un transporte interno en el aeropuerto barajas para buscar el hangar y número de la puerta de salida de aquel vuelo, aquí mi preocupación aumentaba, por todas partes habían muchas persona con tapabocas sin nadie saber quién estaba contagiado y quién no.

Mientras esperaba la salida del vuelo me senté en una sala algo solitaria con asientos tipo poltronas de descanso ahí pude recargar mi teléfono celular hasta que la pantalla de vuelos se encendió indicando el número de puertas para el embarque, subí al avión a las  11:25 de la mañana del 27-02-20 hora Madrid. La tripulación no tenía puesto equipo de prevención, muchos pasajeros no llevábamos tapabocas  ni guantes , unos tosían, carraspeaban, yo, iba solo en esa fila de asientos, trataba de dormir y no podía, aunque hoy me doy cuenta que no viajamos solos, no sé cuántas veces vi la pantalla del televisor y la hora en el teléfono que cambió, y el capitán del avión aviso por parlante que ajustáramos la hora de nuestros relojes, ahí solo comí pan en empaques cerrados y bebida cerradas, me levanté al baño solo un vez el miedo me invadía en ese vuelo jamás pensé que volaría a tres aeropuertos en medio de esta pandemia corriendo todos los riesgos de contagio, aterrizamos a las 5:00 de la tarde hora Venezuela y una semana después, la misma aerolínea y el mismo avión vuelo 6673 se habían determinado que el covid19 había un pasajero invisible de ese avión y al hacerle seguimiento se comprobó que estaba ya en territorio Venezolano, hoy sano y salvo pienso en la oportunidad que me da la vida al escribir mi historia y que muchos no pueden hacerlo porque su vuelo desde aquellos aeropuertos el virus no los dejó.

Todo el que ha sido viajero sabe de las dificultades que pasamos los inmigrantes cuando salimos, emigrantes cuando llegamos pero hoy no hay distinción entre ricos ni pobres, ni clases sociales, ni de géneros, entre ancianos y niños, entre mujeres y hombres. El pánico invade al mundo en estos momentos donde quisiera fuera una historia de ciencia ficción lo que aquí les cuento, donde inventas según tu memoria todo lo que sucede, aquí hoy lamentablemente escribo una realidad, no estamos a la altura de este enemigo violento, fuerte y silencioso, no estamos preparado y esa es una realidad que todos debemos reconocer primero para buscar los mecanismo y contenerla, el covid-19 podría estar en cualquier parte.

Esa tarde llegaron tres vuelos al aeropuerto internacional de Maiquetía en Venezuela, ya me esperaban a la salida después de recoger mi maleta me encamine a casa  manejando y conversaba contando todo lo que había ahí afuera y nadie sabía lo que sucedía, al llegar a casa de papá no abracé a nadie de mi familia solo me fui a la ducha dejando toda mi ropa fuera de casa, mi hermana mayor hizo un té de malojillo e hizo que tomara 2 veces, ahí les comunique lo que viví en esos aeropuertos, pasaron unos días de mi llegada, comencé a los 4 días a sentir un malestar en la garganta y una carraspera con dolor de cabeza, hacía gárgaras de agua tibia con sal y vinagre en las noches y en la mañana, todavía un miedo estaba presente yo había vivido dos días en medio de la pandemia y una de las noches que estaba en casa  presenté malestar estomacal pero ya yo había tomado anti gripal y antibiótico, aparte tomaba té de orégano orejón con té de poleo, en realidad la situación en los centros de salud no estaba fácil y tampoco se sabía si era, o no este virus, o una simple gripe, algo está claro. Así como llegaron los malestares se fueron, no tuve episodios de fiebre, solo sudoración una noche, no tenía tos, no perdí la sensación de olfato, ni del gusto y yo mismo tomé la decisión de aislarme unos días por seguridad de quienes me rodeaban, el día 11 de marzo cuando la O.M.S declara pandemia mundial la vicepresidenta de Venezuela informa que en un vuelo de la línea aérea de Iberia proveniente de Madrid España en fecha 5 de marzo vuelo 6673, varios de sus pasajeros se diagnosticaron con presencia del Covid 19, el temor me invadía mas de haber estado contagiado del virus sin saberlo. Ahí comencé el seguimiento de información que hablaba de la  incubación del virus y como en  14 días debió aparecer en mi organismo el 12 o 13 de marzo, sin embargo esos síntomas que antes les cuento  pasaron 4 días después de mi llegada el 27 de febrero, el  30 de marzo ya la preocupación era menor, comprobando de manera clara que cualquier síntoma en estos momentos no descartaría algún contacto comunitario pero ya no dependiente de ese viaje, de esa tormenta de la que salí ileso ahora solo pienso, sino me contagie en el riesgo que viví en contacto directo con el virus debo cuidarme aún más,  cuidarnos y prevenir es la única manera de controlar esta pandemia, quedarte en casa es vivir llegar a la reflexión para que el mundo deje de ser tan obsesionado a los capitales  y atender de manera central los casos sociales como el servicio de la salud que es la prioridad para la vida en estos momentos, ésta emergencia mundial, ésta cuarentena ha hecho recapacitar en lo que debemos pensar, ahorrar en sentido general, en no malgastar, en cuidarnos, en cuidar a la familia en aprender de las dificultades, en recordar que todos somos vulnerables sin elección, en ver que la vida puede acabar en cualquier momento y que es necesario que renazca el sentimiento del amor al prójimo, debemos ser tolerantes y pacientes son tiempos difíciles y que nadie sabe hasta dónde llegará, hoy escribo mi historia que para un mañana será mi recuerdo y así espero seguir escribiendo y dejar una huella en el tiempo.

Luis Castellanos

luisito.castellanos.2@gmail.com

Venezuela

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