Luz Parasitaria

Reflejo Lunar por Remedios Varo. México 1957.

El ruido del televisor está más fuerte de lo que se había dado cuenta. El barrio está relativamente en silencio; se oyen unos perros ladrando en la distancia, el aleteo de algunas palomas volviendo a sus nidos, ratas voladoras, en su opinión. Estira la espalda justo cuando se sienta en el borde de la cama, se levanta y mueve el cuello a ambos lados; ya había perdido la cuenta de cuántas horas ha estado acostado.

En la ventana del cuarto se alcanza a sentir el viento nocturno, fresco, una brisa que solo la noche da; el cielo está despejado y algunas estrellas se alcanzan a ver: la cruz del sur, por ejemplo, una constelación que para él es fácil de identificar; siempre se sorprende un poco al ver como la estrella de abajo apunta precisamente al sur de la ciudad, las demás no se pueden ver, tal vez en el campo o en las montañas, pero desde su ventana, no. La hora en el televisor muestra las 11:40 p.m. una hora perfecta para él, de la mesa de noche agarra un porro ya empezado y lo enciende nuevamente; disfruta estos momentos de tranquilidad, siempre a la misma hora, por coincidencia claro, no es el tipo de persona que piense o planee estás cosas, él es más de actuar, a veces un poco impulsivo, pero esa es su naturaleza. Cinco minutos del porro en compañía de sus ideas, cuando a su derecha ve algo que le llama la atención, gira a ver rápidamente; a unas cuadras de su ventana en el séptimo piso, una luz blanca un poco rojiza se ve entre los árboles del parque; el joven se queda con la mirada fija, tratando de hacer zoom con los ojos, la luz se mueve, baila. ¿Es un producto de su imaginación? tal vez fumó de más y la luz se le está distorsionando todo; nunca ha tenido alucinaciones, además… es solo porro, ¿será la luna llena? ¿o las estrellas?, piensa con los ojos puestos en el brillo borroso, por un segundo puede jurar que escucha su nombre, y un frío le baja por la espina, retrocede un paso pero sin quitar los ojos del parque; ¿qué hacer? Quince minutos después la luz ya no es visible, desapareció dejando un punto más oscuro en el paisaje nocturno.

Los ojos del joven se abren de un solo impulso, ¿fue un sueño lo que vio anoche? Imposible, no estaba dormido, y llevaba muchos años fumando marihuana como para empezar a ver cosas; piensa sentado en el borde de su cama, con un poco de temor que no se reconoce a sí mismo. Saca la cabeza por la ventana y fija sus ojos en el parque, detrás de las filas de techos de algunas casas y un par de edificios pequeños, centra su concentración en el punto donde vio la luz, pero solo ve árboles, los cuerpos de algunas personas trotando y nada más. ¿Acaso esperaba ver la luz en pleno día?, claro que no, ¿por qué querría volver a ver esa luz? A eso de las tres de la tarde, definitivamente necesitaba volver a ver aquella luz, había pensado en eso todo el día, e incluso llegó a una conclusión consigo mismo; esta noche va a esperar por la luz completamente sobrio, no pretende fumar o beber, y si no pasa nada, culpa a la marihuana y nunca más vuelve a revivir este tema, pero si se aparece … bueno, ya pensará qué hacer.

Tan pronto se hizo de noche, el joven acomodó una silla al lado de la ventana y comenzó su vigilancia; durante horas nada pasó, el cielo había tenido nubes todo el día y era poco probable que las condiciones de ayer se repitieran. A eso de las 11:30 p.m. las nubes se van y algunas estrellas empiezan a parpadear en el firmamento; el joven se levanta asustado, se había quedado dormido sobre sus brazos, saca la cabeza por la ventana y mira directo al parque, sus ojos aún cansados no enfocan bien, por un segundo los cierra, abre y apunta la mirada al centro de los árboles del parque: una luz blanca con un tono rojizo sale de entre las sombras, parece titilar como las estrellas arriba de él, esta vez puede verlo con más claridad, definitivamente hay algo allá, podría ser cualquier cosa, lo más absurdo o lo más simple, pero por lo menos sabe que no lo alucinó. Cae en la silla al lado de la ventana, con esa sensación de alivio de un hombre cuerdo, pero sin despegar la mirada del resplandor; podría ser la luz de un equipo de trabajadores nocturnos que arreglan o limpian el parque, piensa mientras sus ojos bailan hipnotizados con el parpadear de esa luz cálida, ¿cuántas personas podrían estar haciendo lo mismo que él?, mirar obsesivamente a una luz entre los árboles, esperando que sea más que una simple luz. ¿De verdad su vida estaba tan vacía, tan desesperada por el más mínimo aporte de emoción?

«Los binoculares de mi primo me van a sacar de esta duda de una vez por todas, esta noche cuando la luz aparezca, simplemente voy a enfocarlos bien en mis ojos y me llevaré la decepción de ver varias personas trabajando con una luz grande»; se dice a sí mismo durante todo el día, hasta que llega la hora esperada. Muy a las 11:30 p.m. el cielo se despeja y la luz se ubica en su posición. El joven toma los binoculares y los enfoca en el punto, tal cual lo había planeado, sin embargo, no era la luz grande de los trabajadores nocturnos, es una especie de círculo, o bueno, una forma circular que se mueve, que gira, con cuidado lleva la mirada a los lados, pero no logra ver a nadie más.

La única de sus hipótesis se había caído la noche anterior, pasó el tiempo suficiente observándola para entender y sobre todo aceptar que no es una luz ordinaria, que es algo más, y lo peor es que siente que ese algo está ahí para él, que se presenta cada noche a seducirlo. Siendo las ocho de la mañana, el joven sale rápidamente, cruza las cuadras que lo separan del parque y comienza a rodearlo mientras trota; no es una persona muy deportiva, pero no quería parecer un «raro» buscando algo invisible entre los árboles. Después de unos veinte minutos, decide pararse justo donde él cree que proviene la luz; unos dos metros arriba de su cabeza, ahí debería estar, pero no hay nada, no hay ningún aparato que ilumine esa parte del parque. Antes se irse camina entre los árboles, pero no encuentra nada sospechoso.

Esa noche espera con la mitad de su cuerpo afuera de la ventana, el clima se siente igual, el viento sopla suavemente y el cielo muestra algunas estrellas; el reloj marca la misma hora de estas últimas tres noches, allí estaba, la luz titilante, la luz rojiza, pero a la vez blanca, que parece girar. ¿Qué es, de dónde viene?, no puede pensar en nada más, la extraña luz se ha apoderado de él, cada minuto de los últimos días solo tiene esa luz en el centro de la mente, ¿Y si no significa nada? ¿Y si simplemente está tan desesperado y solo, que necesita sentirse especial? una luz que lo llama y lo seduce, puff suena ridículo. La luz tal vez puede solo existir en su imaginación, un pensamiento que lo aterra aún más; hace un año no tiene un episodio de ansiedad, pero la intriga y el deseo de saber qué es, lo hacen sentir así, completamente desesperado e impotente. Lo único que le queda por hacer es ir, y enfrentarse a lo que sea que haya o no haya, es la mejor forma de saber si está perdiendo la razón o no; pero no se atreve a ir en ese momento, no sin preparación o un plan, además si esa luz quiere ser descubierta, allí estará mañana.

Solo pudo dormir unas cuantas horas en la noche, su corazón ha latido más rápido de lo normal, cada pálpito le retumba en el pecho y en todos los huesos. Hace una lista de las cosas que necesita para su expedición: una linterna, hidratación, los binoculares y la cámara. Camina desde la cama hasta la ventana, y de la ventana a la cama como en una danza de ansiedad rutinaria hasta que el sol se oculta completamente; las horas que quedaban hasta que la luz se manifestara de nuevo se le hacen tortuosas, a las 10:00 p.m. no resiste más y sale de casa. Las calles están solas, una que otra persona pasa por la acera del frente mientras el joven camina despacio, aún tiene una hora y cuarenta minutos para llegar al parque, sin embargo, a los doce minutos de salir, más pronto de lo que se esperaba, los árboles, los juegos infantiles y las máquinas para ejercitarse aparecen frente a él; el clima está frío, algunas personas trotan alrededor, otras pasean a sus perros, no hay señales de la luz; camina tratando de no verse como un vendedor de droga, hasta que se queda completamente solo en el parque, se acomoda entre los árboles mirando al lugar donde cree que se aparecerá, un pequeño espacio de tierra con un par de sillas de cemento en los costados. Las nubes en el cielo se empiezan a disipar, titilantes se forman algunas constelaciones, la cruz del sur, escorpión y libra, tan claras allá arriba que no es necesario imaginarse las líneas que las unen; la luna creciente y delgada como una suave sonrisa aparece; ya viene, su respiración se acelera, sus manos sudan incontrolablemente, la saliva no le alcanza para tragarse los nervios; busca con los binoculares y no ve nada extraño, mira la hora: 11:35 p.m.

Se mueve entre los árboles y el pasto alto para quedar más cerca, exactamente a los cinco minutos algo se empieza a ver, una pequeña bola de luz crece en medio del aire, él se deja hipnotizar por la bola de energía y sale despacio de su escondite, la luz va creciendo lentamente dejando ver espacios, se abre desde el centro, crece y se convierte en una bola más grande con líneas verticales; el joven siente una euforia que lo acoge, lo abraza y lo hace sonreír, sus ojos siguen el movimiento de las líneas que se abren en direcciones diferentes, la figura es majestuosa, las líneas se convirtieron en óvalos que se cruzan entre ellos y se estiran formando un asterisco donde las líneas son óvalos que giran independiente, algo que él jamás creyó ver, tan extraño, pero tan hermoso; siente que todos sus problemas y preocupaciones desaparecen, no hay un mal pensamiento en él, solo felicidad.

Todo el ambiente está impregnado de esa luz rojiza que alcanzó a ver desde su ventana, camina directamente a ella, lo más cerca que puede; los óvalos luminosos no son solo cuatro líneas, enfocando los ojos más allá del brillo, el joven nota que cada uno está formado de hilos, son los hilos los que desprenden ese tono rosa brillante que lo atrae, «parece cabello», piensa mientras acerca su mano derecha, quiere sentir la belleza por sí mismo, tan pronto su mano toca un óvalo, todos los hilos se detienen, la luz pasa de ser rojiza a iluminar blanco; justo donde su dedo toca la figura, los hilos se rompen y atrapan los dedos del joven, él se ríe pero un segundo, luego siente algo extraño, no puede retirar la mano, un suave temor sube por su pecho, lo intenta de nuevo pero no puede, mira con atención lo que pasa, los hilos le sujetaron con fuerza cada dedo, las puntas sueltas y diminutas se mueve por las uñas, por debajo y en los lados.

—AHH —grita el joven cuando siente un chuzón en su dedo índice.

Sus otros dedos sienten lo mismo, el dolor es mayor; «¿qué está pasando?» se repite mientras aterrado ve como los hilos luminosos empiezan a entrar en su mano, las líneas se ven escurrirse por su piel, están en la palma, se mueven como gusanos buscando algo; llegan a su muñeca, puede sentir como se mueven entre sus huesos, avanzan y todo su hombro se siente poseído, cae de rodillas pero su brazo permanece levantado, los cuatro óvalos ahora son dos que se desarman cada vez que entran un poco más. Se había equivocado «¿por qué tenía que ser tan curioso? ¿por qué su absurda soledad lo llevaba a creerse especial?» podría estar en su cuarto con un porro en la mano en vez de tener unos extraños hilos escurriéndose en su cuerpo.

Le comienzan a subir por el cuello, los puede sentir en la garganta y en la nariz; afuera los últimos pedazos de luz terminan de entrar en él, su cuerpo se retuerce, cada uno se mueve por una parte distinta y él lo puede sentir todo, como se envuelven en sus tobillos, como le toquetean la lengua y el paladar; lo ciegan con su luz cuando pasan por la pupila, están por todas partes, bajo su piel se ven moverse de un lado a otro; su cuerpo ya no es de él, no puede sentirse más que incómodo e invadido por dentro, no tiene a donde ir, ni a dónde escapar; quiere que todo pare, pero no hay manera, él no tiene el control. Los siente en su estómago, «ojalá lleguen rápido al corazón y me maten de una vez» es lo único que se repite mientras siente ese serpenteo interminable por todas partes; la respiración le falla, se siente mareado y nauseabundo, están en su cerebro, sus ojos dejan de ver y pierde el control de su cuerpo por completo, aún puede oír y oler, pero no respirar, no siente como sus pulmones se llenan de aire, o como su boca de saliva, no puede tocar sus dientes, no puede hacer nada.

Sus ojos se abren, ve el piso de tierra y las bases de los árboles, todo está oscuro, lentamente se sienta y mira a su alrededor, el joven ve todo esto como si fuera un testigo, no tiene control de su parpadeo, de su jadear o de su mirar; sus ojos apuntan a su propio cuerpo, pero no es él el que está mirando, es otra cosa, otra persona, los hilos, la luz que había perseguido está dentro de su cuerpo, pero ¿dónde está él? ¿desde dónde es testigo de lo que su propio cuerpo está haciendo? El cuerpo del joven se levanta, acomoda su ropa, se sacude y comienza a caminar exactamente por donde llegó al parque dibujando una suave sonrisa; el parásito lo encerró en una esquina pequeña de su propia mente, donde solo puede observar, donde no tiene poder sobre sí, donde no tiene nada, ni a él mismo.

Sebastián Hernández

sebas.hernandez33@gmail.com

Colombia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: