Los Hilos

El show había acabado, desmenuzado por los aplausos cada vez más silenciosos dentro del escenario, el maestro del espectáculo reverenció a las alabanzas en el final de su acto. Sus dedos parecieron hacer magia por encima de misteriosas cortinas rojas, los hilos reflejaron brillos incandescentes para ojos confundibles e impresionados. 

El mago de las marionetas agradeció, su voz articuló a través de la boquilla del muñeco de madera, sus brazos agraciaron para recibir los aplausos, sus piernas se tambalearon torpemente contra el suelo del escenario. Los padres carcajearon y los niños se impresionaron, la marioneta de expresión serena abrió sus falsos labios, con la voz de una chiquilla anunció el final de su acto. 

Dejada en el camerino, el maestro se sacudió contra su cama encima de una mujer, la marioneta estaba frente al espejo. Su maestro yacía en brazos de una amante, la marioneta rebosaba entre sus propios hilos, sintiéndose cubierta por sus huesos, miró a ojos inexpresivos y su sentimiento fue vacío. Violada, abusada, el show era su vida; Y su vida se prolongó hasta hacerse una euforia para otros. 

Odiaba a su creador, como el hombre odia al suyo, y solo vagaba en ideas paralelas con quienes observaban su letargo consciente. Con quienes bufaban y aplaudían al compás de sus pasos controlados, la marioneta consentía que por más que gritase, nadie la escucharía. 

Mi querida Ivonne, otro show llama por ti, quieren reír hasta perder la razón” 

El maestro es un hombre de bigote y sombrero de copa, su creación de sangre y sudor reflexiona su aspecto desagradable. Preguntándose, cómo las manos toscas habían recreado la figura de una niña de mejillas coloradas y vestido de terciopelo negro. La marioneta vuelve a danzar una noche más, ballet por aquí, burlas por allá… Su vida y razón son controladas por alguien desde las cortinas. 

Yo en este show me he perdido” 

Los pensamientos no fluyen de los hilos, de una razón oscura, su conciencia crece con el odio por su creador. Padre no es quien maneja sus hilos, y sus danzas no tienen un ritmo. En el camerino sigue mirando a sus ojos de madera, el roble oscuro pierde la forma cuando la amante ha dejado el hogar, envuelta en sus hilos; La marioneta se siente cubierta en sus propios huesos… Escondida del mundo, preguntándose si acaso todos encuentran la belleza en su tallado o en sus actos manipulados, la marioneta piensa al levantarse por primera vez. 

Un show tras otro, volviendo a sentirse violada y usurpada, la marioneta no escucha a hilos detrás de la cortina o a las risas del público. Sintiendo fulgor, la madera ardía, sus labios teñidos sonríen en paz y sus ojos expresan armonía. Pero sus manos se cierran en torno a los hilos, flexionándose mira a las cortinas, la danza de ballet ha perdido su gracia en el show. 

Se lamenta al caer, sus brazos reposan en su cuerpo desdichado, el público desprecia al amo del circo. Ha perdido la voz, ha perdido los hilos al caer en su creación. Los hombres amaban a la creación, pero odiaron al creador. La marioneta deja el reposo con la rabia del maestro de los hilos, arroja a su figura contra el cristal de su propio hogar. Frustrado, bebe hasta morir. 

La marioneta observa la copa vaciarse con el compás de las manecillas del reloj, sonriente y de mejillas coloradas, su cuerpo reposa al mirarse contra el reflejo. Jactándose por la desdicha del maestro de los hilos, cobra sentido de su cuerpo, levantándose en frente de él. 

Su creador, mareado, cabecea a los movimientos de su marioneta. Sus hombros se tambalean con la estúpida gracia de un bufón. La marioneta tomó las tijeras de su despacho y cortó los hilos de sus brazos y piernas. 

Sin volver a bailar ballet, la marioneta se levanta en el regazo de su creador y destruye su orgullo. La marioneta no tiene más expresiones sino aquella que él ha tallado, la única con que puede observar al mundo y razonar ante él; Le sonríe en paz y lo contempla en armonía. Su rostro de niña esculpido y su vestido de mujer, reverencia al moribundo creador, pero su vida está más allá de los hilos. 

Como toda creación, odio a su creador, eligió cortar los hilos en que nació. Al abrir sus ojos por primera vez, no pudo gritar al mundo que su alma estuvo atrapada en un esbelto cuerpo de madera. 

El fulgor ardió en ella, y cuando oficiales acudieron al camerino, hallaron al hombre con tijeras en manos. El muñeco sonrió en el espejo del camerino, envuelta en sus hilos recortados, sus latidos bailaron al ballet en compás del reloj. Abandonando el show, su acto sin aplausos conmovió a su sentir, reverenció al cielo y a su creador en el infierno. 

Yo en esta vida me he hallado” 

La marioneta reposaba, sin hilos en su cuerpo de madera, en estanterías donde todos admiran su belleza. Sin ojos sobre las cortinas y sin aplausos de quienes aman a la creación, pero odian al creador. 

Fin.

Isaac Medina

takumielser777@gmail.com

Venezuela

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