Cosecha 3.33

Los Cabos Baja California, en vísperas del año nuevo para recibir el 2020, la noticias en todo el mundo solo departen una cosa, ¡EL PRECIO DEL PETRÓLEO! Abandonando todas las supersticiones humanas, las profecías, la delincuencia, en medio de este caos en que coexistimos y estamos acostumbrados, más el conflicto armado en oriente, del que estamos ajenos, por represión de la verdad, la lucha constante de las potencias por el máximo poder económico, nosotros los mundanos enajenados con tonterías, estamos listos para recibir el nuevo año, ajenos a cualquier cosa que ¡NO fuese de nuestra conveniencia!

El olor a comida hasta dónde llegará, me imagino yo hasta el espacio, me viene a la mente ¿a qué huele nuestro planeta? Alguna vez ha entrado a una perrera, huele a perro desaseado, por ende nuestra querida tierra desprende el exquisito hedor de 7,700 millones de personas, le sumamos todas esas aromas, más los desechos que producimos, como personas físicas durante nuestra vida, más las esencias que estamos acostumbrados ponernos a diario para cubrir nuestros malos olores, que se mezclan en el inmenso mar humano, la comida, la contaminación de ríos, canales de aguas negras, basureros, automóviles, tienes como resultado una terrible fetidez, ¡ese es el olor de la tierra, fetidez humana! Quedando corto el olor a perrera.

 Mientras tanto me viene a la mente, que en este momento en la luna alguien está contemplando nuestro enorme planeta azul, ajeno a sus pestilencias, sumido en sus pensamientos, en el arrabal en que yacemos. En cambio yo un poco ermitaño a mis 33 años, en la soledad y pesadumbre decido embriagarme hasta perder la conciencia, termino tendido en la orilla del mar.

Creo que sucedió mientras todos dormían, fue en ese segundo en que todas las almas al unísono cerraron los ojos,  fue en ese instante que se los cargaron.

El reloj marca las 3:33 a.m. con 33 segundos, lo sé porque mi reloj de pulso se paró en esa hora. Aún me encontraba bajo los influjos del alcohol, no podría saber lo que sucedía, luces enormes alumbraban como reflectores considerables desde arriba, mientras se acercan, un sonido de turbinas aterrador las acompaña, junto a una extraña musicalización. En aquel siniestro momento la gente en un estado de sonambulismo camina fuera de sus casas, de allí con mucho orden todos se dirigen a un gran espacio, en ese punto todos los congregados se retiran sus vestimentas, como si no fueran conscientes de nada, como si alguien se hubiera apoderado de su cuerpo y mente.

Puedo ver enormes objetos como naves, estáticos ya en el suelo, recolectando  personas, QUE HORROR, estas se suben solas cuan ganado dócil, debo pensar bien en lo que está sucediendo, será mundial, miro el cielo, las estrellas están más cercas, intento correr y gritar que no suban, las piernas me fallan, caigo a plomo. Intento gritar de nuevo, mi voz no lograr salir como si fuese una pesadilla, sigo avanzando en dirección al considerable objeto que parece estar cerca, pero es tan grande como  crucero, que noto que está muy lejos.

A mi lado transitan personas, me acerco al más próximo e intento hacer que entren en razón, le grito y abofeteo, sin conseguir nada, podrían jurar que algo les paso, como si les hubieran borrado el disco duro. Por más que intento no puedo hacer que se detengan, ni siquiera que me volteen a ver, sus ojos nublados no muestran nada de brillo, allí va una familia con sus hijos, todos caminando a donde sea que marchen juntos.

Logro escabullirme para ver todo de cerca, me coloco en un punto donde pueda espiar mejor, todo es neblina, el miedo me obliga a retirarme rápidamente lo más que pueda, ya a distancia prudente prendo un cigarrillo, intentando calmar los nervios, de pronto un sonido como trompetas, llega desde el cielo, comienzo a comprender lo que está pasando cuando miro un ser alado y de su cuerpo desprende luz como  seres divinos, en el cielo ahora hay decenas, son nuestros captores. Escucho un silbido a mis espaldas, me giro encontrándome con un ser encapuchado, este me insta que lo acompañe, no hay nada que perder, ni nada por que vivir, mientras conminamos pienso, todo lo que creemos y dedicamos nuestra vida, todo eso en balde, todas las metas y sueños de la gente se volvieron polvo, todo el esfuerzo del trabajo duro de día con día  se marchan sin compensación alguna, pronto entramos en una casa ahora vacía después de caminar por muchas horas, puedo mirar de fondo la nave crucero que ahora está más pequeña.

Miro a mi salvador que parece estar tranquilo, noto que hay más personas con nosotros, la mayoría segregados, vagabundos y enfermos, me tumbo en el suelo, me giro para dirigir la palabra al salvador, cuando este da media vuelta y comienza a marcharse, ya pronto al umbral, con voz suave, sin girarse ¡bienvenidos a la resistencia! Se desprende la capa y me deja mirarlo, es inconcebiblemente hermoso, sale por el vano dejando entrar corrientes de aire que produce que comience  a bailar la basura y hojas secas.

Miro atreves de la ventana, la recolecta terminó, ahora lo entiendo, aquel que parte por la puerta, es el portador de la luz.  

Rodolfo Vázquez

rodolfobali_@hotmail.com

México

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