Odio Los Domingos

Y los odio mucho, qué día tan desolador. Es como si lo trascendental en la vida se diera tregua entre semana, para luego demolerte los domingos.

Recuerdo de niña que cuando mis padres se odiaban, no parecía como si se odiaran, más bien, se les veía tranquilos. Pero una vez en casa, se rebosaba el veneno acumulado durante toda la semana,  así; mi madre optaba por  huir a casa de sus padres, mientras mi padre se quedaba a cargo nuestro y ¡bien que se encargaba! desahogando tanta frustración sobre nosotros. En las tardes, luego de la faena de órdenes y maltratos necesarios para tener la casa limpia, mi padre encendía la radio para oír transmisiones de fútbol y dejándola encendida se iba más tranquilo a encerrarse en su habitación.

Las transmisiones de radio, no es necesario que se las describa, basta con que enciendan su aparato cualquier domingo y allí las hallarán, todavía suenan intactas, como hace doce años, como hace treinta quizás. Y justamente es eso lo que le gustaba tanto a mi padre, esa calma, esa inmutabilidad. Él es un ser simple en lo absoluto, temeroso, disfruta de la seguridad que le ofrecen las rutinas, por eso en momentos difíciles, encontraba en esa radio su único refugio. Mientras tanto, este otro ser de apenas 12 años, me hundía en el sofá viendo como las partículas de polvo parecían detenerse con la luz del atardecer. Mientras que mi padre y mi hermano se refugiaban en sus universos interiores de dolor, o bueno, mientras veían la televisión, yo me quedaba sola esperando algo, cualquier cosa, que mi madre volviera, ¡que ya fuera lunes por favor! sintiendo que lo único que se movía era la tristeza que cavaba cada vez más profundo en mi interior.

Así, salí corriendo yo también y me vine al centro de la gran Bogotá, aquí viví otro tipo de domingos. Para los que no lo saben, el centro de la capital se mueve todo el tiempo, personas que vienen y van a toda velocidad, diástole y sístole del gran sistema, todo es desenfreno hasta que llega el domingo. Los domingos nadie tiene una excusa para venir al centro, por lo que el espíritu original de este lugar sale a flote, con un tufillo de alcohol y bazuco se hacen más visibles sus únicos habitantes, los que duermen todos los días en sus esquinas y se quedan cuando ya nadie más está. De repente, esto que fue el corazón vibrante de la urbe, pasa a ser su sobrante, calles vacías y frías que solo rompen su silencio con el soplido del viento o el quejido abrumador de quien no tiene hogar. Paisaje de ultratumba, que te impregna de desolación, de miedo y de tristeza… Si a eso le sumamos los debates profundos de una adolescente de 19 años, podrán imaginarse que tan alegres eran mis domingos…

En fin, el tiempo ha pasado, ya no tengo doce, ni diecinueve, ahora vivo unas 30 cuadras más allá del centro. Pero la radio, la radio sonará igual siempre…

Watermelon Girl

Colombia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: